Tras ganar la Eurocopa 2016, los lusos ratificaron su identidad futbolística y apostaron por una renovación en los puestos ofensivos. Coincide más de la mitad del plantel victorioso en Francia.

Portugal: cambios y permanencias después de la gloria

Joaquín Arias

28 DE MARZO DE 2018

El 4 de julio de 2004, Portugal le conoció el rostro a la desilusión. Bajo su propio cielo, los más de 62,800 espectadores que poblaron el Estádio da Luz de Lisboa fueron los testigos más próximos de la derrota 1 a 0 en la final de la Eurocopa ante Grecia, una selección que hasta aquella edición nunca había ganado un partido de fase final de la competencia. 12 años aguardaron en sala de espera los lusitanos para ser ellos quienes accedieran al selecto consultorio del olimpo europeo. Como si fuera una réplica de la Ilíada griega, su revancha fue 1 a 0, a domicilio y frente al anfitrión -Francia-.
Si los triunfos legitiman los estilos, aquella conquista en la Euro 2016 sirvió para rubricar el estilo ¿conservador? y ¿defensivo? con el que está etiquetado el equipo de Fernando Santos. Los signos de interrogación se deben a que el propio Santos aclaró que Portugal fue “la segunda selección clasificada para el Mundial con más goles en la Eliminatoria, lo que es interesante para un conjunto catalogado de conservador y defensivo”
Tres jugadores ausentes en Francia 2016 irrumpieron en la élite desde entonces. Todos juegan de la mitad de la cancha hacia adelante. Uno fue Bernardo Silva, quien refulgió en el Mónaco semifinalista de la Champions 16/17 y rápidamente se transformó en discípulo de Guardiola en Manchester City. A su vez, los goles y la velocidad del centrodelantero André Silva sacaron pasajes hasta Milán para hacer escapar de la zona de turbulencia al siete veces campeón de Europa.
Asimismo, el atacante Gonçalo Guedes experimentó en carne propia la lógica exitista imperante: con 20 años y a préstamo en el Valencia -de parte del PSG-, se había convertido en “promesa real” y “sucesor de Cristiano Ronaldo” -referencias de medios españoles- cuando al comenzar la última temporada anotaba sus primeros goles y daba sus primeras asistencias. Sin embargo, su rendimiento decayó en la segunda mitad y ahora los portales se preguntan, por ejemplo: “¿Le pesa el futuro?”.
En la defensa todavía gobierna la experiencia: Bruno Alves, de 36 años, Pepe, de 35, y José Fonte, de 34. El hecho puede resultar llamativo ya que durante estos dos años los tres fueron transferidos a ligas de menor renombre. Alves a la escocesa -Rangers-, el ex Real Madrid a la turca -Besiktas- y Fonte a la china -Dalian Xifang-.
Se repiten en la nómina mundialista 13 de los 23 jugadores campeones en Francia. Nani, subcapitán en suelo galo y con 112 himnos cantados dentro del campo, no irá a Rusia. Lo perjudicó su seguidilla de lesiones. Eder, autor del gol en la final y que solo jugó 135 minutos en la selección después de aquel tanto, tampoco estará, al igual que André Gomes, volante del Barcelona. A los 40 años y presente en la última Euro, Ricardo Carvalho tampoco aterrizará en Rusia con un seleccionado portugués que ya encontró desquite a nivel continental pero que ahora quiere descubrirle el semblante a la gloria mundial.

El 4 de julio de 2004, Portugal le conoció el rostro a la desilusión. Bajo su propio cielo, los más de 62,800 espectadores que poblaron el Estádio da Luz de Lisboa fueron los testigos más próximos de la derrota 1 a 0 en la final de la Eurocopa ante Grecia, una selección que hasta aquella edición nunca había ganado un partido de fase final de la competencia. 12 años aguardaron en sala de espera los lusitanos para ser ellos quienes accedieran al selecto consultorio del olimpo europeo. Como si fuera una réplica de la Ilíada griega, su revancha fue 1 a 0, a domicilio y frente al anfitrión -Francia-.

Si los triunfos legitiman los estilos, aquella conquista en la Euro 2016 sirvió para rubricar el estilo ¿conservador? y ¿defensivo? con el que está etiquetado el equipo de Fernando Santos. Los signos de interrogación se deben a que el propio Santos aclaró que Portugal fue “la segunda selección clasificada para el Mundial con más goles en la Eliminatoria, lo que es interesante para un conjunto catalogado de conservador y defensivo”.

Tres jugadores ausentes en Francia 2016 irrumpieron en la élite desde entonces. Todos juegan de la mitad de la cancha hacia adelante. Uno fue Bernardo Silva, quien refulgió en el Mónaco semifinalista de la Champions 16/17 y rápidamente se transformó en discípulo de Guardiola en Manchester City. A su vez, los goles y la velocidad del centrodelantero André Silva sacaron pasajes hasta Milán para hacer escapar de la zona de turbulencia al siete veces campeón de Europa.

Asimismo, el atacante Gonçalo Guedes experimentó en carne propia la lógica exitista imperante: con 20 años y a préstamo en el Valencia -de parte del PSG-, se había convertido en “promesa real” y “sucesor de Cristiano Ronaldo” -referencias de medios españoles- cuando al comenzar la última temporada anotaba sus primeros goles y daba sus primeras asistencias. Sin embargo, su rendimiento decayó en la segunda mitad y ahora los portales se preguntan, por ejemplo: “¿Le pesa el futuro?”.

En la defensa todavía gobierna la experiencia: Bruno Alves, de 36 años, Pepe, de 35, y José Fonte, de 34. El hecho puede resultar llamativo ya que durante estos dos años los tres fueron transferidos a ligas de menor renombre. Alves a la escocesa -Rangers-, el ex Real Madrid a la turca -Besiktas- y Fonte a la china -Dalian Xifang-.

Se repiten en la nómina mundialista 13 de los 23 jugadores campeones en Francia. Nani, subcapitán en suelo galo y con 112 himnos cantados dentro del campo, no irá a Rusia. Lo perjudicó su seguidilla de lesiones. Eder, autor del gol en la final y que solo jugó 135 minutos en la selección después de aquel tanto, tampoco estará, al igual que André Gomes, volante del Barcelona. A los 40 años y presente en la última Euro, Ricardo Carvalho tampoco aterrizará en Rusia con un seleccionado portugués que ya encontró desquite a nivel continental pero que ahora quiere descubrirle el semblante a la gloria mundial.