Jakub Blaszczykowski, mediocampista de Polonia, se sobrepuso a una de las peores desgracias que un niño de 11 años puede padecer: tuvo a su madre moribunda en brazos, producto de certeras puñaladas por parte de su padre.

Jakub Blaszczykowski, mediocampista de Polonia, se sobrepuso a una de las peores desgracias que un niño de 11 años puede padecer: tuvo a su madre moribunda en brazos, producto de certeras puñaladas por parte de su padre.

La historia detrás de Kuba

Alejandro Rodríguez Tovar

28 DE MARZO DE 2018

Es muy común que muchos futbolistas levanten sus dedos, señalando al cielo, luego de marcar un gol, para dedicarlo a ese alguien especial, pero Jakub Blaszczykowski tiene una dedicatoria que oculta una historia trágica y un trauma que casi lo hace abandonar la práctica del fútbol, privando a los hinchas del Borussia Dortmund de su entrega en la cancha durante nueve años y, al gran Zbigniew Boniek, de apodarlo como El Pequeño Figo.
Todo comenzó en la pequeña ciudad de Czestochowa, donde Kuba vivía junto a sus padres y su hermano. Él jugaba en el equipo de la localidad, pero la fama de alcohólico de su padre y las constantes peleas en su casa lo hacían un chico infeliz. Hasta que un día llegó el recuerdo imborrable y en su casa apareció el demonio de la violencia de género. Con apenas 11 años, tuvo a su madre moribunda en brazos, producto de certeras puñaladas. Todo cambió para los dos hermanos Blaszczykowski, que se quedaron sin mamá y sin papá, condenado a 15 años de prisión. Fueron separados, y su abuela se volvió su tutora legal.
Una escena tan fuerte superó al pequeño Jakub, que abandonó el club y la práctica del fútbol. Con apenas 11 años debía reconstruir su vida y madurar con una situación notoriamente traumática, pero en el camino apareció su tío, Jerzy Brezczec, ex capitán de la selección y medallista olímpico en Barcelona 1992, y lo llevó a volver a jugar como salida a los recuerdos que lo atormentaban. “La experiencia me sacudió. Hasta los 15 o 16 años fui muy pequeño, sólo medía 1,55. Todas las emociones las tenía muy adentro. No las podía sacar. Era difícil con esos recuerdos en la cabeza. Sólo cuando estás preparado para aceptarlo, puedes dar un paso hacia adelante”, recordaba en una entrevista a 'Die Welt'.
Lo que pasó luego es historia. Tras jugar en el Wisla Cracovia emigró al Wolsburgo de Alemania, donde juega actualmente. Sin embargo, es ídolo en el Borussia Dortmund, donde fue elegido como el mejor jugador de la temporada 2009 y formó parte del equipo de Jurgen Klopp que llegó a la final de la Champions League en 2013.
Hoy, Kuba, con 32 años y el número 16 en su espalda, es un pilar fundamental de las Águilas Blancas y se prepara para jugar su primer mundial, el séptimo en la historia de la Selección de Polonia. Junto con Robert Lewandowski, Lukasz Piszczek y compañía, le permite soñar a todo el pueblo polaco con hacer un gran papel en la cita mundialista y superar aquellas gestas de Boniek y Lato, con los terceros lugares que lograron en Alemania 1974 y España 1982.

Es muy común que muchos futbolistas levanten sus dedos, señalando al cielo, luego de marcar un gol, para dedicarlo a ese alguien especial, pero Jakub Blaszczykowski tiene una dedicatoria que oculta una historia trágica y un trauma que casi lo hace abandonar la práctica del fútbol, privando a los hinchas del Borussia Dortmund de su entrega en la cancha durante nueve años y, al gran Zbigniew Boniek, de apodarlo como El Pequeño Figo.

Todo comenzó en la pequeña ciudad de Czestochowa, donde Kuba vivía junto a sus padres y su hermano. Él jugaba en el equipo de la localidad, pero la fama de alcohólico de su padre y las constantes peleas en su casa lo hacían un chico infeliz. Hasta que un día llegó el recuerdo imborrable y en su casa apareció el demonio de la violencia de género. Con apenas 11 años, tuvo a su madre moribunda en brazos, producto de certeras puñaladas. Todo cambió para los dos hermanos Blaszczykowski, que se quedaron sin mamá y sin papá, condenado a 15 años de prisión. Fueron separados, y su abuela se volvió su tutora legal.

Una escena tan fuerte superó al pequeño Jakub, que abandonó el club y la práctica del fútbol. Con apenas 11 años debía reconstruir su vida y madurar con una situación notoriamente traumática, pero en el camino apareció su tío, Jerzy Brezczec, ex capitán de la selección y medallista olímpico en Barcelona 1992, y lo llevó a volver a jugar como salida a los recuerdos que lo atormentaban. “La experiencia me sacudió. Hasta los 15 o 16 años fui muy pequeño, sólo medía 1,55. Todas las emociones las tenía muy adentro. No las podía sacar. Era difícil con esos recuerdos en la cabeza. Sólo cuando estás preparado para aceptarlo, puedes dar un paso hacia adelante”, recordaba en una entrevista a 'Die Welt'.

Lo que pasó luego es historia. Tras jugar en el Wisla Cracovia emigró al Wolsburgo de Alemania, donde juega actualmente. Sin embargo, es ídolo en el Borussia Dortmund, donde fue elegido como el mejor jugador de la temporada 2009 y formó parte del equipo de Jurgen Klopp que llegó a la final de la Champions League en 2013.

Hoy, Kuba, con 32 años y el número 16 en su espalda, es un pilar fundamental de las Águilas Blancas y se prepara para jugar su primer mundial, el séptimo en la historia de la Selección de Polonia. Junto con Robert Lewandowski, Lukasz Piszczek y compañía, le permite soñar a todo el pueblo polaco con hacer un gran papel en la cita mundialista y superar aquellas gestas de Boniek y Lato, con los terceros lugares que lograron en Alemania 1974 y España 1982.