Chile derrotó a la Argentina por penales 4-2 luego de igualar 0-0 en un partido intenso y se consagró bicampeón de América al quedarse con la Copa Centenario.  La Selección volvió a fallar en el partido clave y no pudo cortar con la sequía de 23 años sin títulos. 

Otra vez decepción

Lucas Fiore (Lucas_Fiore) Julián Zancada (Juuzancada)

28 DE MARZO DE 2018

Julián Zancada (Juuzancada)
Chile derrotó a la Argentina por penales 4-2 luego de igualar 0-0 en un partido intenso y se consagró bicampeón de América al quedarse con la Copa América Centenario. La Selección volvió a fallar en el partido clave y no pudo terminar con la sequía de 23 años sin títulos.
Otra vez. Sí, otra vez nos quedamos en las puertas de la gloria. Una vez más, faltó el paso final. Parece increíble, pero es real. Como hace dos años atrás en el Mundial de Brasil, con ese cachetazo de Mario Götze que significó el final. Como en la edición pasada de esta Copa, en aquella fatídica noche de los penales en Santiago. Argentina volvió a caer y la sequía de títulos parece ser eterna. Sigue quedando lejos aquella Copa América de Ecuador 93’.Qué lejos quedaron esos dos goles de Gabriel Batistuta para la consagración ante los mexicanos en Guayaquil. Que lejos en el tiempo asomaba Oscar Ruggeri levantando la copa. Tanto que muy pocos lo recuerdan.
Argentina volvió a quedarse con las ganas. Otra vez Chile fue el verdugo y otra vez por penales. Casi como un calco de la final del año pasado y después de un partido intenso y con mucha fricción, la Selección perdió 4-2 por penales ante los trasandinos que se consagraron campeones de la Copa América Centenario.
La imagen de Lionel Messi desconsolado en el banco de suplentes lo dice absolutamente todo. No hace falta agregar demasiadas palabras para expresar la tristeza del capitán argentino ante una nueva derrota. Las lágrimas del 10 son las de todo un país, las de todo un equipo. Una vez más se le negó al crack rosarino, que esta vez, falló su penal en la tanda. Su zurdazo elevado por arriba del travesaño del arco de Claudio Bravo inició el peor final. El de un equipo que perdió su tercera final consecutiva, todas al menos en alargue, y sin haber podido convertir ni un sólo gol. Otra vez, decepción.
Si bien fue el mismo rival y por la misma vía, el partido fue muy similar al del año pasado. Argentina dispuso de la posesión de la pelota pero, a diferencia de los otros partidos en esta Copa, careció de profundidad y determinación en la finalización de las jugadas, es por eso que contó con pocas situaciones de gol.No mostró ese juego colectivo vistoso y esa potencia ofensiva abrumadora que tanto lo caracterizaron para llegar casi caminando al partido decisivo. Messi no pudo desequilibrar y el equipo lo sintió. No fue el mismo de los partidos anteriores, estacionado sobre la derecha y con poco contacto con la pelota.
Chile, por su parte, también tiene sus méritos. No arrancó bien en la Copa, con una fase de grupos con demasiados altibajos en el rendimiento y en los resultados. Porque en el primer partido, Argentina lo superó bien y lo venció 2-1. En el segundo encuentro, un polémico penal sobre el cierre del partido le dio una victoria necesita y sufrida ante la débil Bolivia. Y en el cierre del grupo D, aparecieron los goles para tapar los groseros errores del arquero Bravo en el triunfo 4-2 ante Panamá. Las críticas de la prensa chilena hacia Juan Antonio Pizzi eran notorias. Y el panorama no era para nada alentador con respecto a la fase final, sobre todo porque en los cuartos de final se asomaba México, una de las revelaciones del torneo. El 7-0 fue la mejor actuación de la Roja. Una clase magistral de fútbol, con un póker de goles del goleador Eduardo Vargas, le hicieron recuperar la memoria de campeón y lo entonaron de cara al tramo final. En las semis, ni la incesante lluvia de la ciudad de Chicago pudo frenar la victoria 2-0 ante Colombia. Así llegaban los de Pizzi, de menor a mayor ante una Argentina que había sido, por lejos, el mejor equipo del torneo hasta entonces. Y supo leer el partido, a pesar de que en ningún momento fue superior al equipo de Gerardo Martino.
En cuanto al desarrollo del encuentro, Chile impuso mucha presión e intensidad en el mediocampo. El planteo de Pizzi fue muy parecido al de Sampaoli. Fue clara la intención de cortar el juego albiceleste, tanto que los trasandinos terminaron con un hombre menos en la primera parte por la doble amonestación de Marcelo Díaz. Lejos de intentar aprovechar la superioridad numérica, Marcos Rojo le cometió una dura infracción a Arturo Vidal y también Argentina se quedó con 10 en el cierre de la primera mitad.
El segundo tiempo continuó en la misma sintonía: mucho roce y poco fútbol. Martino decidió acomodar el equipo para encarar el complemento debido a la expulsión del lateral izquierdo del Manchester United. Con el ingreso de Matías Kranevitter por Ángel Di María, mandó a Ramiro Funes Mori al lateral izquierdo y retrocedió a Javier Mascherano a la zaga central para volver a formar la línea de 4 en el fondo. Y Chile, continuó apostando a lo mismo: aprovechar algún contraataque para lastimar a Romero. Ese contraataque nunca llegó, como en todo el primer tiempo.
En el tiempo suplementario, las imprecisiones se hicieron frecuentes y los nervios, sumado a la fatiga muscular y el cansancio, se empezaron a sentir en ambos equipos. La necesidad argentina de conseguir el título se comenzaba a sentir en un Metlife Stadium que lucía totalmente repleto.Sin mucho desarrollo del juego en los 30 minutos de alargue, l igual que en la Copa América pasada, Argentina y Chile debían definir desde los doce pasos.
Poco es el análisis que se puede hacer de una definición por penales. Lo cierto es que la Selección Argentina se volvió a quedar en las puertas de la gloria. Lionel Messi, con su disparo alto, y Lucas Biglia, fallaron en sus respectivas definiciones. El remate de Francisco Silva besando la red contra el palo derecho fue como un puñal al corazón a la ilusión de terminar con este letargo que parece interminable. Si no fue hoy, ¿cuando será?.
En una especie de deja vú, Chile se consagró campeón por segunda vez en su historia frente a la Argentina y volvió a frustrar los sueños de una generación de futbolistas que ahora deberán cargar con una mochila más pesada que la que arrastraba hasta esta final.
¿Es la crisis de la AFA culpable de todo esto?. ¿Acaso esta será la última oportunidad que tendrán estos jugadores para levantar un trofeo con la Selección? Son solo algunos de los interrogantes que surgen por ahora. Pero son simplemente eso, solo interrogantes. Lo concreto es que Chile es el campeón, otra vez. Lo concreto es que Argentina volvió a decepcionar una vez más.

Otra vez. Sí, otra vez nos quedamos en las puertas de la gloria. Una vez más, faltó el paso final. Parece increíble, pero es real. Como hace dos años atrás en el Mundial de Brasil, con ese cachetazo de Mario Götze que significó el final. Como en la edición pasada de esta Copa, en aquella fatídica noche de los penales en Santiago. Argentina volvió a caer y la sequía de títulos parece ser eterna. Sigue quedando lejos aquella Copa América de Ecuador 93’. Qué lejos quedaron esos dos goles de Gabriel Batistuta para la consagración ante los mexicanos en Guayaquil. Que lejos en el tiempo asomaba Oscar Ruggeri levantando la copa. Tanto que muy pocos lo recuerdan.Argentina volvió a quedarse con las ganas. Otra vez Chile fue el verdugo y otra vez por penales. Casi como un calco de la final del año pasado y después de un partido intenso y con mucha fricción, la Selección perdió 4-2 por penales ante los trasandinos que se consagraron campeones de la Copa América Centenario.

La imagen de Lionel Messi desconsolado en el banco de suplentes lo dice absolutamente todo. No hace falta agregar demasiadas palabras para expresar la tristeza del capitán argentino ante una nueva derrota. Las lágrimas del 10 son las de todo un país, las de todo un equipo. Una vez más se le negó al crack rosarino, que esta vez, falló su penal en la tanda. Su zurdazo elevado por arriba del travesaño del arco de Claudio Bravo inició el peor final. El de un equipo que perdió su tercera final consecutiva, todas al menos en alargue, y sin haber podido convertir ni un sólo gol. Otra vez, decepción.

Si bien fue el mismo rival y por la misma vía, el partido fue muy similar al del año pasado. Argentina dispuso de la posesión de la pelota pero, a diferencia de los otros partidos en esta Copa, careció de profundidad y determinación en la finalización de las jugadas, es por eso que contó con pocas situaciones de gol.No mostró ese juego colectivo vistoso y esa potencia ofensiva abrumadora que tanto lo caracterizaron para llegar casi caminando al partido decisivo. Messi no pudo desequilibrar y el equipo lo sintió. No fue el mismo de los partidos anteriores, estacionado sobre la derecha y con poco contacto con la pelota.

Chile, por su parte, también tiene sus méritos. No arrancó bien en la Copa, con una fase de grupos con demasiados altibajos en el rendimiento y en los resultados. Porque en el primer partido, Argentina lo superó bien y lo venció 2-1. En el segundo encuentro, un polémico penal sobre el cierre del partido le dio una victoria necesita y sufrida ante la débil Bolivia. Y en el cierre del grupo D, aparecieron los goles para tapar los groseros errores del arquero Bravo en el triunfo 4-2 ante Panamá. Las críticas de la prensa chilena hacia Juan Antonio Pizzi eran notorias. Y el panorama no era para nada alentador con respecto a la fase final, sobre todo porque en los cuartos de final se asomaba México, una de las revelaciones del torneo. El 7-0 fue la mejor actuación de la Roja. Una clase magistral de fútbol, con un póker de goles del goleador Eduardo Vargas, le hicieron recuperar la memoria de campeón y lo entonaron de cara al tramo final. En las semis, ni la incesante lluvia de la ciudad de Chicago pudo frenar la victoria 2-0 ante Colombia.

Así llegaban los de Pizzi, de menor a mayor ante una Argentina que había sido, por lejos, el mejor equipo del torneo hasta entonces. Y supo leer el partido, a pesar de que en ningún momento fue superior al equipo de Gerardo Martino.En cuanto al desarrollo del encuentro, Chile impuso mucha presión e intensidad en el mediocampo. El planteo de Pizzi fue muy parecido al de Sampaoli. Fue clara la intención de cortar el juego albiceleste, tanto que los trasandinos terminaron con un hombre menos en la primera parte por la doble amonestación de Marcelo Díaz. Lejos de intentar aprovechar la superioridad numérica, Marcos Rojo le cometió una dura infracción a Arturo Vidal y también Argentina se quedó con 10 en el cierre de la primera mitad.

El segundo tiempo continuó en la misma sintonía: mucho roce y poco fútbol. Martino decidió acomodar el equipo para encarar el complemento debido a la expulsión del lateral izquierdo del Manchester United. Con el ingreso de Matías Kranevitter por Ángel Di María, mandó a Ramiro Funes Mori al lateral izquierdo y retrocedió a Javier Mascherano a la zaga central para volver a formar la línea de 4 en el fondo. Y Chile, continuó apostando a lo mismo: aprovechar algún contraataque para lastimar a Romero. Ese contraataque nunca llegó, como en todo el primer tiempo.

En el tiempo suplementario, las imprecisiones se hicieron frecuentes y los nervios, sumado a la fatiga muscular y el cansancio, se empezaron a sentir en ambos equipos. La necesidad argentina de conseguir el título se comenzaba a sentir en un Metlife Stadium que lucía totalmente repleto.Sin mucho desarrollo del juego en los 30 minutos de alargue, al igual que en la Copa América pasada. Argentina y Chile debían definir desde los doce pasos.

Poco es el análisis que se puede hacer de una definición por penales. Lo cierto es que la Selección Argentina se volvió a quedar en las puertas de la gloria. Lionel Messi, con su disparo alto, y Lucas Biglia, fallaron en sus respectivas definiciones. El remate de Francisco Silva besando la red contra el palo derecho fue como un puñal al corazón a la ilusión de terminar con este letargo que parece interminable. Si no fue hoy, ¿cuando será?.

En una especie de deja vú, Chile se consagró campeón por segunda vez en su historia frente a la Argentina y volvió a frustrar los sueños de una generación de futbolistas que ahora deberán cargar con una mochila más pesada que la que arrastraba hasta esta final.

¿Es la crisis de la AFA culpable de todo esto?. ¿Acaso esta será la última oportunidad que tendrán estos jugadores para levantar un trofeo con la Selección? Son solo algunos de los interrogantes que surgen por ahora. Pero son simplemente eso, solo interrogantes. Lo concreto es que Chile es el campeón, otra vez. Lo concreto es que Argentina volvió a decepcionar una vez más.

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