Jorge Somlay ostenta el récord de ser el deportista argentino más joven en competir en una cita olímpica. Con tan sólo 13 años, fue timonel de remo en la categoría dos largos, en los Juegos Olímpicos de Roma 1960.

Ser olímpico a los 13 años

Juan Cruz Gehl @JuanCruzGehl y Nicolás Saavedra @nicosaavedra16

28 DE MARZO DE 2018

Sentado en un bar en pleno centro rosarino, entre las calles San Luis y Barón de Maua, espera un hombre que para el común denominador de la gente pasa totalmente desapercibido. Es quien hace 56 años marcó un hecho histórico para el deporte argentino al convertirse en el atleta argentino más joven en competir en un Juego Olímpico.

Jorge Somlay revive junto a El Equipo su experiencia en los Juegos Panamericanos de Chicago 1959, donde obtuvo dos medallas de plata y una de bronce. También narra cómo conoció a Alberto Demiddi y la oportunidad de ver pelear a Muhammed Ali en el mismo Juego Olímpico en el cual participó e hizo historia.

- ¿Cómo comienza tu vida en el remo?

- Yo nací en Arroyito, frente a la cancha de Rosario Central, a dos cuadras del Club Regatas. Mis padres eran socios hace muchos años. Allí me crie, de chico siempre me gustó el río porque a mi padre también le gustaba. Mi papá era presidente de la comisión de Regatas del Río Paraná. En esa época íbamos a las carreras que había en San Nicolás, Paraná y Santa Fe, que dependían de esa misma entidad.

Cuando tenía diez años, el entrenador Mario Robert me preguntó: “¿Jorge no queres venir a timonear?”.Ya que en ese momento tenía dos timoneles que eran grandes y estaban excedidos de peso -en el remo, el timonel debe pesar 50 kilos aproximadamente- yo acepté.

- Eras un niño, ¿qué opinaron tus padres al respecto?

- A mi madre le daba miedo y puso el grito en el cielo, entonces le dije: “Quedate tranquila, no va a pasar nada, yo voy a timonear tres o cuatro años porque quiero ir al Sudamericano, a los Juegos Panamericanos y a los Juegos Olímpicos”.

- ¿Cuándo empezaste a competir?, ¿cuál fue tu primer torneo internacional?

- Empecé en 1957, mi primera regata fue en San Nicolás -dos largos cadete- la cual ganamos. Todas las carreras en orden nacional se corrían en San Nicolás, Santa Fe, Paraná, Tigre y La Plata.

En 1958 nos clasificamos para el Sudamericano que se disputó en Santa Fe. Se clasificaba por tiempo en el Tigre y se corría la distancia de 2000 metros. La Selección Argentina la integrábamos en gran mayoría los remeros del Club Regatas. Junto a Osvaldo Cavagnaro y Ricardo González ganamos el dos largos con timonel, con un tiempo de 9,18 minutos.

- En 1959 fuiste a los Juegos Panamericanos de Chicago, ¿cómo viviste esa experiencia?

- A los remeros nos alojaron afuera de Chicago, en Naperville, en el colegio North Central College. El Panamericano se disputó en un canal sanitario, o sea que vos mirabas el agua y era verde, pasaba flotando lo que se te ocurriera, una porquería. Además, nos trataron muy mal y no nos dieron carne hasta el día antes de la competencia. Nos daban todo lo que uno no estaba acostumbrado a comer. En el desayuno y en el almuerzo comíamos salchichas con huevo frito. Todas las delegaciones se quejaron, entonces nos llevaron a una planta atómica y nos dieron un bistec de carne de caballo, dulce y dura.

Obtuvimos la medalla de plata en cuatro largos con timonel y la de bronce en ocho largos con timonel. En dos largos con timonel salimos segundos por una milésima, nos ganó el bote uruguayo, que era subcampeón sudamericano y rio platense -Argentina había triunfado en esas dos oportunidades-. Nos vencieron por la pelotita de goma dura que les ponen a los botes en la proa, por si hay una embestida para que no se dañe.

- Con 13 años te fuiste a Roma, rodeado de deportistas mundialmente conocidos. Hablanos acerca de ese Juego Olímpico.

- A Roma fuimos el dos largos con timonel y cuatro con timonel. Había dos largos sin timonel y allá se armó un ocho con timonel, pero no pasó nada, quedamos lejos de todos lados, el cuatro también.

Teníamos botes muy viejos que los habíamos llevado de acá. Nuestros remos al lado de los otros eran un desastre y nunca tuvimos apoyo del gobierno. A los europeos los desconocíamos totalmente, allá nos sorprendimos cuando vimos que los coletes estaban puestos en distinta posición y eran mucho más livianos al igual que los botes, pesaban 5 o 6 kilos menos que los nuestros. Si uno hubiera tenido en ese momento la posibilidad de contar con un bote como el que tenían ellos, la situación hubiese sido distinta.

A diferencia de lo que nos sucedió un año antes, en Italia nos instalaron bien. Había una Villa Olímpica, era todo nuevo y muy hermoso. Pude ver a Muhammad Ali en una pelea pre clasificatoria, porque al lado de la villa estaba el domo donde hacían lucha y boxeo.

- ¿Tus compañeros tuvieron un trato especial hacía vos por tu edad?

- Mis compañeros me trataban como uno más. El deporte lo que tiene es que se pierde eso de decir “este es un pendejo, no hay que darle bola”, enseguida te integras. No tengo de que quejarme, el trato conmigo siempre fue bueno.

- Comentaste que en Roma no tuvieron suficiente apoyo gubernamental, ¿cómo ves hoy la situación del deporte argentino?

- Ahora tenes alguna suerte de ayuda, a lo mejor no en lo económico, pero si en cuanto a entrenamiento. En el remo no sé, yo estoy alejado de todo, pero el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD) es muy importante para los deportistas. En este país, en el cual son todos amateurs, eso es fundamental.

- Volviendo al remo, ¿pudiste conocer a Alberto Demiddi?, ¿tuviste relación con él?

- El padre de Demiddi era entrenador de natación en Newell's. A fines de 1958, cuando yo ya timoneaba, fue a entrenar a Regatas porque en esa época el club tenía un buen plantel de nadadores. Con él vino Alberto que por ese entonces nadaba. Después se entusiasmó y empezó a remar en 1959. Estaba empezando a competir acá cuando nosotros fuimos a Roma.

Lo conocí bastante y tuve un trato realmente bueno. A su esposa, Silvia Sivieri, la conocía de antes. Era la hija de Napoleón Sivieri, quien había sido presidente de Regatas.

- ¿Qué sucedió cuando regresaste de Roma?

- A los dos meses de haber vuelto de Roma había crecido 10 centímetros de altura y mi peso normal ya había pasado los 50 kilos. No seguí timoneando porque quería terminar la escuela. Me quedé libre de segundo año y tuve que rendir todas las materias ya que a pesar de que el Ministerio de Educación me justificaba las faltas, el colegio no lo hizo.

No continué con el remo, solo andaba de paseo en bote o piraguas. Todavía era muy chico y no se me dio. Luego hice otros deportes: básquet, natación, vóley y judo.

- ¿Sos consciente de que sos el argentino más joven en haber competido en un Juego Olímpico?

- Si, consciente soy, me llena de orgullo haber representado a mi país. Recuerdo un torneo en Chile, donde competimos un 24 de mayo. Ese día nos hicieron una cena y a las doce de la noche pusieron el himno, realmente se me puso la piel de gallina.

Jorge Somlay deja el bar emocionado. Su humildad y su pasión por el deporte amateur, como el de tantos otros, se ve reflejado en esas últimas palabras. Se despide, sabiendo en su interior que ha marcado un hito para el deporte argentino.

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