La junta militar que dio el Golpe de Estado se metió en la dirigencia de la AFA a poco de asumir el poder y terminó la organización de la Copa del Mundo de 1978 con gastos sumamente elevados y sin balance oficial.

En el medio de la dictadura, un Mundial

Juan Moreno Bongiorno @morenojuan95

28 DE MARZO DE 2018

En 1955, la “Revolución Libertadora” derrocó a Juan Domingo Perón. En la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Arturo Bullrich fue designado como interventor por el nuevo gobierno. Y desde entonces, hasta 1976, la entidad máxima del fútbol en el país fue intervenida nueve veces.

En 1976, la junta militar que le quitó el poder a María Estela Martínez de Perón decidió involucrarse en la AFA, pero no con una intervención: el 30 de marzo, seis días después del Golpe, el Estado le bloqueó todas las cuentas bancarias. Al día siguiente, el presidente, David Bracutto, y todos los miembros del Comité Ejecutivo abandonaron sus cargos. Asumió Ernesto Wiedrich para conducir hasta las siguientes elecciones.

El 3 de mayo, la mayoría de los presidentes de los clubes eligieron a Alfredo Cantilo como nuevo mandatario de la entidad. El abogado y socio del Jockey Club había dirigido el Colegio de Árbitros años antes y era íntimo amigo del Almirante Emilio Massera. “Videla le entregó la AFA a (Alfredo) Cantilo, elegido por las autoridades en ese momento, porque sino, no se podía jugar el Mundial 1978”, aseguró Julio Grondona, quien lo sucedió en el cargo en 1979, en una entrevista a la agencia Télam en 2011.

La organización del Mundial de 1978 durante el gobierno de Juan Domingo Perón estuvo a cargo de José López Rega, Ministro de Bienestar Social. Con el Golpe de Estado, todo cambió. La Junta Militar creó el Ente Autárquico Mundial ’78, una idea de Emilio Massera para manejar las finanzas y para asegurar la realización de la Copa del Mundo.

El primer titular del Ente, el General Omar Actis, fue asesinado en sospechosas circunstancias el 19 de agosto de 1976, el día que daba su primera conferencia de prensa. Los militares culparon a los guerrilleros. Su lugar lo ocupó Carlos Lacoste, quien por ser capitán de navío estuvo en la comisión del Ministerio de Bienestar Social a cargo de la organización del Mundial durante el mandato de Perón. El Almirante sería nombrado Vicepresidente de la FIFA en 1980 por Joao Havelange, el brasileño mandatario en ese momento.

Con el Ente se construyeron tres nuevos estadios –los de Mar del Plata, Córdoba y Mendoza- y se reformaron los de River Plate, Vélez Sarsfield y Rosario Central. También se invirtió en hoteles y aeropuertos. En 1982, el Secretario de Hacienda, Juan Alemann, denunció a Lacoste por no presentar ningún balance oficial sobre los gastos del Mundial, que habrían sido alrededor de 520 millones de dólares. España para su Copa del Mundo en 1982 gastó sólo 120 millones.

Finalmente, Argentina fue campeón del Mundo por primera vez y en su propia casa. Jorge Videla, presidente de facto, le entregó la Copa a Daniel Passarella, capitán de la selección, en un Monumental repleto. A pocos metros del estadio, en la ESMA, funcionaba un centro de detención clandestino. “Mientras se gritan los goles, se apagan los gritos de los torturados y de los asesinados”, asegura Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo” en el documental La historia Paralela.

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