El Pato recordó el hecho traumático que vivió con el ex almirante en el momento de firmar su renovación con River en el 78. “Hubo periodistas que me acompañaron a esa entrevista y vieron todo, así que no es un invento mío, fue el peor momento de mi vida”.

Fillol: “Lacoste era el rey, manejaba todo”

Bianca Mazza @bikimazza y Nicolás Flores @nicoofloww

28 DE MARZO DE 2018

Un día cotidiano en el mundo River, los chicos se entrenan en las canchas externas al Monumental, otros juegan al tenis y al costado, en la confitería y como uno más, quien supo custodiar el arco para siempre se encuentra allí, tomando una lágrima chica y en soledad. De lejos, en sencillo darse cuenta que se trata del hombre de San Miguel del Monte al que apodan el Pato y que marcó la historia de los arqueros en el fútbol argentino. Ubaldo Fillol, campeón en el Mundial 1978 y víctima de un enfrentamiento directo con el ex Almirante Carlos Alberto Lacoste en plena Dictadura Militar.

El conflicto se produjo cuando Lacoste lo obligó a firmar su renovación con River, seis meses luego de haberse coronado campeón, y él no quería dar el brazo a torcer por el dinero que le impuso el ex Almirante.

-¿Cómo viviste la preparación para el Mundial 78?

-En ese momento era normal, una convocatoria a la Selección para jugar una copa del mundo y uno, futbolísticamente hablando, estaba contento, feliz. A través de los años nos fuimos enterando de cosas, porque en ese momento era nula la información que teníamos. Si mirabas televisión o leías los diarios “Los argentinos somos derechos y humanos”… Eran todos gladiadores los que presidian en ese momento, después con el tiempo se descubrió el horror. Pero la Copa del Mundo uno la vivió con mucha alegría, pero también con bronca. No por lo que pasó en la parte futbolística sino que ese triunfo glorioso que tuvimos nosotros fue usado por los militares en ese momento para seguir secuestrando, torturando y matando gente. Esa es la pena que sentimos nosotros, mucho dolor, pero en ese momento era todo alegría. Pero claro, después pasaron 40 años y te enteraste pero todavía se están descubriendo cosas. En ese momento la información era nula, te da bronca. Nosotros dimos todo por nuestra selección. Después pasó el tiempo, enterarse de todo fue muy feo.

-¿Una vez campeones, al salir del estadio y luego de unos meses, sentías la misma felicidad que ese día?

-Sí en ese aspecto, en esa parte, hasta hoy siento orgullo, fuimos campeones del mundo. Pero la otra parte oscura no, obviamente. No nos enteramos de las cosas hasta que fueron derrocados, yo estaba saliendo del país en ese momento, me iba a jugar a Flamengo, Brasil. No estaba acá cuando cayó el gobierno militar. Al principio había un poco de duda, pero con el paso el tiempo no podías pensar otra cosa. Era cierto.

-¿Seis meses después de ser campeones, cómo fue tu renovación con River?

-En ese momento el presidente de River era Ramón Cabrera, pero el que mandaba todo era el Almirante Lacoste. Uno se entera ahora de lo que fue ese hombre en aquel momento. A mí no me gusta hablar pero fui muy presionado y amenazado, cosa que aparto totalmente a River. Me fue mal porque me ensuciaron de una manera atroz, manejaban todo ellos. Con River nada, al contrario, yo estoy recontra agradecido por haber estado 10 años en el club, haber pasado mi mejor época como jugador. La realidad marca que había otras cosas como demostró el tiempo. En el momento que estuve amenazado no quise decir nada pero ahora hay más libertad. Hubieron periodistas que me acompañaron a la entrevista con Lacoste y vieron todo, así que no es un invento mío, fue el peor momento de mi vida. Al año fuimos a jugar la revancha de la Copa del Mundo a Basilea contra Holanda, en el 79. Llegamos al estadio y había unos manifestantes, eran pocos, decían cosas que las desconocíamos contra el país y con quienes nos gobernaban. Entramos al estadio y al vestuario pero cuando ingresamos a la cancha había atrás de un arco una bandera contra el gobierno: “Militares asesinos”. Creo que la televisión marcó ese hecho. Jugamos la revancha, salimos 0 a 0 y ganamos en los penales. Uno ya se empezaba a hacer preguntas. En el caso mío más todavía porque había sido amenazado y todo. Pero claro, no pasaba nada, no había información… Seguíamos siendo “derechos y humanos” los argentinos, entonces estaba esa duda. Cuando vino el cambio yo fui vendido al Flamengo, estaba afuera del país.

-¿Cómo fueron tus días posteriores a ese hecho, te sentiste perseguido, estuviste acompañado por tu familia?

-No, no, yo me la guardé para mí. No dije nada, estaba muy angustiado, inclusive en esa amenaza que yo recibo ellos me dicen “tu casa está vigilada”. Yo vivía en Quilmes en ese momento. Pero bueno, fue todo para mí, me lo guardé. En ese momento en el que me amenazaron con un arma, sonreí. Ahora, después de tantos años te pones a pensar lo que pasó y me podrían haber matado, haber pasado lo peor y mi familia no enterarse absolutamente de nada. Me da miedo porque fue una situación real, que la viví yo. Mis amigos se enteraron con un testimonio o algo que dije hace poco, después de muchos años, era todo muy difícil poder sobrellevar eso y aparte lo viví hasta que me fui del club, en el 83. En el 82 fuimos a jugar al Mundial de España, nuestro país estaba en guerra con Inglaterra pero había que ir igual, era otra la versión, son situaciones límites que se ven en ese momento y que uno quedaba como un tonto porque leías, escuchabas y estaba todo bien. Eramos dueños de la verdad, no pasaba nada.

-Cuando te pasó todo eso y decidiste no contarlo, ¿pensaste en dejar el fútbol?

-No en ese momento, pero sí cuando me fui de River en el 83. Me convenció Angelito Labruna. Cuando dejo de jugar al fútbol, tocan el timbre en mi casa de Quilmes, salgo y era él. Me dice: “Vos que haces acá, tenés que venir conmigo a Argentinos Juniors para que no nos vayamos al descenso”. Le digo: "No Ángel, dejé de jugar". Insistía, no se quería ir. Yo lo amaba a Labruna. Le dije que igualmente estaba cerrado el libro de pases y me dice: “Si vos me da el okey se abre, vos firmas y vos jugas”. Luego se abrió, pero no específicamente por lo mío, no sé qué pusieron pero fue por 24 horas. Volví al fútbol pero totalmente asqueado por esa situación, después me fui al Flamengo y luego al Atlético Madrid. Ya cuando volví, después en el 86, ya era otro país. Ahí me desayuno bien de todo lo que se estaba viviendo y ahí tiré hasta el 90 y me retiré saturado mentalmente pero por todo lo que me había exigido el fútbol, 10 años en River, 15 en la selección, 5 en Racing. Y aquella negociación del contrato me marcó.

-Dijiste que parte del periodismo fue testigo de tu hecho.

-Fue testigo porque me acompañaron a la entrevista con Lacoste, que era el Rey, manejaba todo. Había un poco de gente que sabía lo que pasaba. Hoy me da miedo, pero en aquel momento me reía. Me podría haber pasado cualquier cosa, tranquilamente, pero gracias a Dios no me pasó.

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