Descubrió de chico, y gracias a un sorteo, la magia de alentar a la Selección en una Copa del Mundo, y eligió no cambiarla por nada: por eso busca cada cuatro años la forma de ir a los mundiales, especialmente a través de concursos. Ya estuvo en cuatro copas y en el intento de ir a otras, le hizo un gol a Fillol y amagó con demandar a Coca Cola.

Matías, el ganador del mundial de la suerte

Catalina Sarrabayrouse

28 DE MARZO DE 2018

“¡Vamos vamos/Argentina/vamos vamos/a ganar!” es una de las canciones que Matías Rial pudo cantar desde la tribuna en más de una ocasión. Fanático del fútbol, hincha de Platense, contador público, miembro de la Comisión Directiva del Calamar, pero, por sobre todas las cosas, apasionado por la Selección Argentina.

La suerte es a la única a la que él debe agradecerle y señalarla como la causante de su locura. La historia arranca en 1990 cuando tenía 12 años, una edad en la que la mayoría sueña, tal vez, con conocer Disney World. Pero no es este el caso. En esa época, Matías comenzaba un concurso de margarina marca Doriana, que obsequiaba al ganador dos pasajes aéreos, alojamiento y traslados para el primer partido de la Selección en el Mundial de Italia 1990. Este niño triunfó y pudo ver al equipo argentino no sólo en el partido inaugural ante Camerún, sino también contra Rusia y contra Rumania, junto a su padre. El viaje despertó en él una obsesión por ir a alentar a su país sin importar cuán lejos fuese, pero al resultarle imposible ahorrar tanto dinero a esa corta edad, optó por el camino de los concursos.

El siguiente Mundial fue en Estados Unidos, en 1994, y Matías ya tenía 16 años. A pesar de haber juntado algo de dinero, no era suficiente para poder financiar un viaje tan costoso. Una vez más, apeló a los concursos. Esta vez a YPF, a través del programa Tribuna Caliente. Conducido por Antonio Carrizo y por Guillermo Nimo, también otorgaba el pasaje para dos personas, alojamiento y traslados para ver a la Selección Argentina.

La suerte eligió a su hermano dos años mayor que él, y con el dinero que habían ahorrado invitaron a su madre, ya que no los autorizaban a viajar solos. Juntos, recorrieron distintas ciudades y vivieron experiencias inolvidables. “Viajamos mucho y viví de todo: el doping de Maradona, el 4 a 0 a Grecia...”, recordó Matías. Una vez más, vistió la camiseta celeste y blanca y gritó los goles con emoción, sólo que esta vez lo hizo desde el norte del continente americano.

Cuatro años más tarde, Francia fue elegida como sede y el tocado por la suerte no dudó en volver a intentarlo. Un programa de televisión llamado Locos por el fútbol, conducido por Matías Martin, brindaba la posibilidad de viajar a la ciudad europea pero de una manera diferente a las anteriores. El ganador del sorteo debía vencer a un equipo integrado por jugadores como Norberto Alonso, Mariano Della Libera, Claudio García, Ubaldo Filliol, entre otros. “Tuve la suerte de meterle un gol a Filliol, y me amonestaron por darle una patada al Beto Alonso”, contó entre risas Matías. A pesar de la felicidad que le causó jugar ante estas figuras, tenía en claro que su único objetivo era ganar y viajar a alentar una vez más a su selección. El partido resultó 1 a 1 y, lejos de las tribunas francesas, debió conformarse con ver los partidos desde su casa.

En el 2002, la desilusión volvió a golpear su puerta, pero esta vez fueron causas mayores que aún hoy lo fastidian. Alejando Fantino conducía Mar de Fondo y Coca-Cola lanzó un sorteo en el que había que juntar etiquetas de la bebida y escribir al dorso una frase de aliento para el seleccionado. Matías juntó 600. Para poder llegar a ese número, entre otros desvaríos, viajó de noche en más de una oportunidad al predio del Parque de la Costa a recolectar etiquetas. Entre basura, pastos altos descuidados y rocas, se las ingeniaba para recolectarlas y poder así viajar a Corea y Japón. En ese año la situación económica de la Argentina era complicada, y Matías sabía que si no era por medio de un sorteo, le sería imposible cumplir su sueño. Las bases decían que el mismo iba a ser realizado en vivo, por lo tanto decidió asistir al canal, pero fue ahí cuando algo comenzó a hacerle ruido. Al llegar al piso de TyC Sports, le dijeron que el sorteo ya había sido realizado y grabado, y que podía verlo por televisión. Junto a su familia, esperó sentado en el sillón que llegara el momento, pero aún persistía en él una extraña sensación. Al ver la caja pudo observar sus sobres. Los reconoció fácilmente. Fantino tomó 11 sobres y se los dio a la escribana, quien dijo que luego del corte se darían a conocer a los ganadores. La programación fue reanudada, pero algo estaba mal. “Vuelven del corte y la escribana está en el mismo lugar pero con sobres distintos, de otro color, y yo dije ¡Los cambió!”, relata Matías aún indignado.

Los llamados a Coca-Cola sólo derivaron en disculpas y un ofrecimiento de 300 pesos más bebida gratis por 10 años a cambio de que no hiciera la denuncia. Pero él solo quería viajar a Corea y Japón. No tenía dinero para pagar un abogado, por lo tanto su hermano, que recién se había recibido, fue quien presentó el reclamo. “Coca- Cola me pidió perdón y alegó que la primer tanda que sacaron en el corte vieron que muchos de los sobres no cumplían con las clausulas de las etiquetas, y que por eso sacaron de vuelta”, explicó.

Las últimas desilusiones lo ayudaron a darse cuenta que ya no podía depender de los sorteos, y así fue que para Alemania en el 2006 ahorró y viajó junto a sus amigos. El promedio de dinero con el que contaban diariamente era de 15 Euros, así que, en su afán por recaudar algo más, vendían camisetas compradas en La Salada y les pintaban la cara a los fanáticos. Así fue que pudo recorrer el país de punta a punta y cada ciudad lo sorprendió un poco más que la anterior. Cuatro años más tarde se casó, y a pesar de que sugirió realizar la luna de miel en Sudáfrica, no pudo hacerlo. Pero sí pudo asistir al último mundial en la tierra de las caiprinhas y garotos, y disfrutar una vez más de la venta de camisetas y el aliento a la selección argentina.

Será por haberlo practicado desde chico, serán los viajes realizados para ver a los 11 jugadores luchando por anotar un gol, lo que hoy hace que Matías no quiera perderse jamás un partido del seleccionado ni de su equipo. La pasión por el deporte, la obstinación por su objetivo de la mano de la suerte, fueron los causantes de tantas locuras por acompañar a la celeste y blanca.

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