Vistió muchas camisetas, hoy defiende la de la Selección argentina y la de Racing. Después de 15 años en la cancha de once, innovó con futsal. Se crió con la pelota y hasta el día de hoy nunca la soltó. Una pasión que no va a cambiar: el fútbol, el amor en estado puro.

Carmen Brusca: una vida atada a la redonda

Inés Lucía Vergottini @ineluci

28 DE MARZO DE 2018

Hay quienes nacen con un pan bajo el brazo. A ella, Carmen Brusca, le tocó, en cambio, una pelota. Creció rodeada de hermanos y lo lúdico era cosa de todos los días. Miles de juegos se inventaban sobre el piso de parquet del departamento del barrio de Caballito. Los fines de semana eran esperados con ansias, la libertad de correr por el pasto de la quinta, gambetear y hacerle goles a quien se pusiera en su camino fue lo que más disfrutó en la infancia.

El club del barrio la vio crecer e intimidar a machitos furiosos que la subestimaban por su condición de género y estatura. Se cansó de “sacarlos a bailar”. No solo empezaron a respetarla, también la pasaron a querer en sus equipo.

Hace 16 años empezó jugando en cancha de once. Pasó por San Lorenzo, Huracán y Racing. Estuvo diez años en Boca y cinco en la Selección Argentina, hasta que decidió dejar el fútbol once e innovar con el futsal. La unión de grupo de La Academia y el del seleccionado fueron los motivos principales que la sedujeron para quedarse y hoy ser parte de ambos planteles.

A fines de noviembre culminó la Copa América de futsal femenino en Las Piedras, Uruguay, en la cual fue capitana de la albiceleste; lograron entrar en el podio al conseguir el bronce tras vencer a Venezuela. La semifinal la disputaron con el equipo más notorio que consiguió un nuevo título, Brasil.

Las diferencias entre el fútbol en cancha de once y su actual actividad son notorias y se encarga de marcarlas: “El futsal, a diferencia del fútbol de once, es un deporte muy dinámico, con más participación. Cuando lo empecé a jugar, me encantó. Era más lírica al principio, pero si vas mano con a mano con la arquera,tenésquehacer lo posible para evitarlo”, remarcó la defensora.

Heredó el amor por Boca Juniors, pasión que comparte con su padre y su hermano, sin embargo, tiene un sentimiento especial por la albiceleste. Cree fervientemente que lo mejor que tiene Racing son sus hinchas, que mediante las redes sociales, la alientan a seguir mejorando. Nunca antesvivióesas muestras de cariño en otro club.

Su paso por la Selección Nacional la nutrió de experiencias únicas e inolvidables: los Juegos Panamericanos, hace dos años en Toronto, el Sudamericano Femenino en 2006, en el que salieron campeonas. Un año despuésparticipónuevamente delos Juegos Panamericanos en Río de Janeiro;esa fuela vivenciaque recuerda con más felicidad, ya que disfrutó de ver la final de la CopaAmérica entre Argentina y Brasil, con toda la delegación nacional. Ese mismo año, conoció China, país donde se disputó el mundial de fútbol femenino.

A los 31 años de edad, esta porteñasiguedisfrutando de los triunfos ydelos goles; del compañerismo y de las amigas que el fútbol ledio. De la vida, que la llevóa conectarse con este deporte maravillosoy le enseñó que por más que hayan mil derrotas, no está muerto quien pelea.

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