El capitán de Independiente se reconoce tímido, pero no por eso abandona el respeto por el prójimo que aprendió de chico en Uruguay.

Campaña, el arquero que no deja los valores de casa

Sofía Rodríguez Cuggia

28 DE MARZO DE 2018

“El portero siempre tiene la culpa. Y si no la tiene, paga lo mismo… Los demás jugadores pueden equivocarse feo una vez o muchas veces, pero se redimen mediante una finta espectacular, un pase magistral, un disparo certero: él no. La multitud no perdona al arquero”, expresó el escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro El fútbol a sol y sombra. Algo similar le dijo Nelson Campaña a su hijo Martín, a los 5 o 6 años, y le aconsejó jugar de delantero, pero el joven Campaña quiso defender el arco y, gracias a su sacrificio y valores, hoy, con 28 años, es el capitán y figura de Independiente.

Son pocos los jugadores que logran vivir del fútbol, y Campaña casi se queda en el camino: cuando estaba en las categorías formativas de Defensor Sporting, el tercer “grande” charrúa después de Nacional y Peñarol: quedó libre. Después de esto, pasó por clubes del ascenso uruguayo y esperaba el momento para poder dar un gran salto en su carrera. Y llegó en 2011, cuando fue a Cerro Largo, donde ya había jugado anteriormente, pero allí se encontró con otras exigencias porque el club se encontraba en Primera División. Tuvo un campeonato memorable, Cerro Lago terminó cuarto en la tabla de posiciones y se clasificó a la Copa Sudamericana.

En 2013 tuvo su gran revancha, Defensor Sporting, que lo había dejado ir en juveniles, pagó para contratarlo por seis meses y, después de ganarse el puesto, compró el 50% de su pase.

Ahí fue compañero de Felipe Rodríguez Valla, mediocampista, quien contó que Campaña, aunque sea un gran arquero, tiene cualidades de delantero: “En los partidos informales me daba los guantes, yo atajaba y él iba de 9. Era buenísimo, era nuestro Suárez”.

No habla mucho, mantiene un perfil bajo y le cuestan mucho las entrevistas. “Sé que no soy de transmitir lo que me pasa. Las cosas van más por dentro… No me gusta exponerme. Por eso trato de evitar a la prensa, pero en Independiente eso es casi imposible”, le explicó a El Gráfico el año pasado. Cuando entra en confianza, sin embargo, es el primero en hacer chistes y reírse con sus compañeros.

Es una persona muy atenta y seria, tanto fuera como dentro de la cancha, y siempre fue el más querido. “Me llamaba mucho la atención que cuando viajábamos por la Copa Sudamericana compraba regalos y recuerdos de los lugares donde habíamos estado para las cocineras y las personas que trabajaban en el club”, afirmó Rodríguez Valla.

Su padre es constructor y su mamá es encargada de una mueblería, ambos, según Martín, son muy trabajadores y le inculcaron valores que nunca olvidó. “Reconozco los valores de mi casa. Sigo dando importancia a esas cosas. Tengo recuerdos muy lindos… Mis padres nos enseñaron a mí y a mis hermanas a valorar las cosas”, dijo en la entrevista con El Gráfico.

Tampoco se olvida de sus raíces uruguayas: se levanta a las 7 de la mañana con el mate, no lo suelta ni para hacer una sesión de fotos, y en el parlante pone folclore. Según Rodríguez Valla, “parece un viejo de 50 años”, pero es no nada menos que el capitán de Independiente.

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