River Plate se coronó campeón de América por cuarta vez en su historia este domingo, tras derrotar por 3-1 a Boca Juniors, su clásico rival, en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid.

Un campeón, ¿un ciclo cumplido? y el triunfo del negocio

Dylan Elias

28 DE MARZO DE 2018

River Plate se coronó campeón de América por cuarta vez en su historia este domingo, tras derrotar por 3-1 a Boca Juniors, su clásico rival, en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid.
Noviembre se llenó de incertidumbres respecto a esta final. Desde el primer día del mes, se supo que el Xeneize y el Millonario iban a disputar la primera final de Libertadores entre argentinos, con el agregado extra de ser un superclásico. Un partido que iba a durar dos semanas, terminó haciéndolo casi un mes exacto.
Debía comenzar el 10, en la Bombonera, pero la lluvia obligó la postergación. Finalmente, se jugó al día siguiente y empataron 2 a 2. El encuentro de vuelta, debía (nuevamente) ser el 24, en el Monumental. Un grupo de “hinchas” de River tiró piedras al micro de los jugadores de Boca, y dos de ellos, Pablo Pérez y Gonzalo Lamardo, terminaron yendo a una clínica. Se suspendió. Se pasó al 25. Nuevamente no se jugó. Durante toda esa semana hubo miles de especulaciones, sobre si se jugaba, sobre si la Conmebol le daba los puntos al Xeneize, sobre si fue igual al episodio del gas pimienta en 2015, y más. Todos los medios se inundaron de “noticias” y opiniones respecto a esto.
La Conmebol, finalmente, decidió que el partido se disputara el 9 de diciembre, en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid. Sí, Madrid. Sí, España. La final de la Copa Libertadores iba a disputarse en ese país. Llamada en conmemoración a la independencia del mismo por parte de los países sudamericanos. Qué ironía…
El ente organizador del fútbol sudamericano aprovechó la oportunidad que se le presentó, y vendió la final en América al mejor postor, que en este caso fue Madrid. En ¿complicidad? con los presidentes de ambos clubes, lo que debía ser una fiesta argentina y de todo el continente, terminó llevándose a Europa. Los más de 60 mil hinchas genuinos del Millonario se quedaron sin la oportunidad de ver el, posiblemente, partido más importantes de sus vidas. Y quienes encabezan la mafia de las hinchadas del fútbol en el país, las barras bravas, fueron quienes terminaron viajando a España. Un negocio que triunfó para la Conmebol en términos económicos, pero que jamás se olvidará cómo vendieron la pasión, y cómo siguen aún libres los responsables de que no se jugara en Argentina.
Por su parte, Boca apeló las decisiones y terminó recurriendo al Tribunal Arbitral del Deporte (TAS). Se sabe que el TAS puede fallar hasta meses después, y aunque rechazó el pedido en primera instancia de que no se jugara, seguirá siendo una incógnita la decisión final. Las pruebas que presentó el club de la Ribera se basan en que los incidentes ocurrieron no solo en las inmediaciones del estadio, sino que también en la puerta de ingreso del micro. ¿Se puede discutir si fue igual al 2015? Claro. Pero eso fue lo que sentó el precedente de que muchos clubes recurran al escritorio para pedir los puntos. Ese partido, como este, y como todos, también debió jugarse en la cancha y no en las oficinas.
En cuanto al encuentro, River logró imponerse con su juego a partir del segundo tiempo, luego de irse perdiendo 1 a 0 al descanso (gol de Darío Benedetto). Lucas Pratto empató el marcador a los 23 minutos del complemento, y la final se fue al tiempo extra. Allí, Boca sufrió la expulsión de un hombre clave en el medio como el colombiano Wilmar Barrios, y se quedó con 10 jugadores. Tenía que aguantar así hasta el final. Sin embargo, el Millonario demostró ser inteligente al aprovechar el hombre de más, y gracias a un golazo de Juan Fernando Quintero a los 4 minutos del segundo tiempo suplementario, se puso en ventaja. En la última, y con la desesperación de un Xeneize que envió a su arquero Esteban Andrada al área y que casi encuentra un empate milagroso tras un remate en el palo de Jara, que se fue al córner, llegó el tercer gol de la mano del Gonzalo Martínez, que quedó con el arco a su merced después de una contra que comenzó Quintero. Así, se consagró por cuarta vez en el máximo torneo continental.
Por otro lado, Boca no pudo aprovechar sus jerarquías individuales ni su supremacía durante el primer tiempo, y cayó derrotado ante un River que fue generalmente superior en ambas finales. El principal error estuvo en el armado del banco y en los cambios durante el partido. Guillermo Barros Schelotto sacó a Benedetto cuando iba 1-0 arriba en el marcador y puso a Ramón Ábila, que venía de una lesión. El Pipa estaba para seguir, ya que además se encontraba en un buen nivel. Luego, entró Fernando Gago al cierre de los 90 minutos, que para más mala suerte, volvió a romperse el tendón de Aquiles. Era el único del mediocampo que tenía entre los suplentes, ya que Edwin Cardona y Agustín Almendra, que estaba en la planilla de los titulares para el partido del 24, quedaron fuera. Durante el ciclo de los Mellizos, el Xeneize logró un bicampeonato en la Superliga, pero nunca supo convencer al hincha con su juego ni con sus decisiones durante los partidos en estos dos años, y terminó pagándolo duro con esta derrota. ¿Ciclo cumplido? En La Boca ya se habla de que no sigue. Suenan varios reemplazantes, entre ellos Gabriel Heinze, Antonio Mohamed y Martín Palermo. Comenzará durante todo el mes, y tal vez el siguiente, una larga danza de nombres.

Noviembre se llenó de incertidumbres respecto a esta final. Desde el primer día del mes, se supo que el Xeneize y el Millonario iban a disputar la primera final de la Copa Libertadores entre argentinos, con el agregado extra de ser un superclásico. Los dos partidos, que iban a jugarse en el lapso de dos semanas, terminaron distanciándose por un mes.

Esta fase debía comenzar el 10, en la Bombonera, pero la lluvia obligó la postergación. Finalmente, se jugó al día siguiente y empataron 2 a 2. El encuentro de vuelta debía ser el 24, en el Monumental. Un grupo de “hinchas” de River tiró piedras al micro de los jugadores de Boca y dos de ellos -el capitán Pablo Pérez y Gonzalo Lamardo- terminaron yendo a una clínica. Se suspendió. Se pasó al 25. Nuevamente no se jugó. Durante toda esa semana hubo miles de especulaciones, sobre si se jugaba, sobre si la Conmebol le daba los puntos al Xeneize, sobre si fue igual al episodio del gas pimienta en 2015, y más. Todos los medios se inundaron de “noticias” y opiniones respecto a esto.

La Conmebol, finalmente, decidió que el partido se disputara el 9 de diciembre en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid. Sí, Madrid. Sí, España. La final de la Copa Libertadores de América, cuyo nombre conmemora a quienes cortaron los lazos con España, se jugaría en ese país europeo.

El ente organizador del fútbol sudamericano aprovechó la oportunidad que se le presentó, y vendió la final en América al mejor postor, que en este caso fue Madrid. En ¿complicidad? con los presidentes de ambos clubes, lo que debía ser una fiesta argentina y de todo el continente, terminó llevándose a Europa. Los más de 60 mil hinchas genuinos del Millonario se quedaron sin la oportunidad de ver el, posiblemente, partido más importantes de sus vidas. Y quienes encabezan la mafia de las hinchadas del fútbol en el país, las barras bravas, fueron quienes terminaron viajando a España. Un negocio que triunfó para la Conmebol en términos económicos, pero que jamás se olvidará cómo vendieron la pasión, y cómo siguen aún libres los responsables de que no se jugara en Argentina.

Por su parte, Boca apeló las decisiones y terminó recurriendo al Tribunal Arbitral del Deporte (TAS). Se sabe que el TAS puede fallar hasta meses después, y aunque rechazó el pedido en primera instancia de que no se jugara, seguirá siendo una incógnita la decisión final. Las pruebas que presentó el club de la Ribera se basan en que los incidentes ocurrieron no solo en las inmediaciones del estadio, sino que también en la puerta de ingreso del micro. ¿Se puede discutir si fue igual al 2015? Claro. Pero eso fue lo que sentó el precedente de que muchos clubes recurran al escritorio para pedir los puntos. Ese partido, como este, y como todos, también debió jugarse en la cancha y no en las oficinas.

En cuanto al encuentro, River logró imponerse con su juego a partir del segundo tiempo, luego de irse perdiendo 1 a 0 al descanso (gol de Darío Benedetto). Lucas Pratto empató el marcador a los 23 minutos del complemento, y la final se fue al tiempo extra. Allí, Boca sufrió la expulsión de un hombre clave en el medio como el colombiano Wilmar Barrios, y se quedó con 10 jugadores. Tenía que aguantar así hasta el final. Sin embargo, el Millonario demostró ser inteligente al aprovechar el hombre de más, y gracias a un golazo de Juan Fernando Quintero a los 4 minutos del segundo tiempo suplementario, se puso en ventaja. En la última, y con la desesperación de un Xeneize que envió a su arquero Esteban Andrada al área y que casi encuentra un empate milagroso tras un remate en el palo de Jara, que se fue al córner, llegó el tercer gol de la mano del Gonzalo Martínez, que quedó con el arco a su merced después de una contra que comenzó Quintero. Así, se consagró por cuarta vez en el máximo torneo continental.

Por otro lado, Boca no pudo aprovechar sus jerarquías individuales ni su supremacía durante el primer tiempo, y cayó derrotado ante un River que fue generalmente superior en ambas finales. El principal error estuvo en el armado del banco y en los cambios durante el partido. Guillermo Barros Schelotto sacó a Benedetto cuando iba 1-0 arriba en el marcador y puso a Ramón Ábila, que venía de una lesión. El Pipa estaba para seguir, ya que además se encontraba en un buen nivel. Luego, entró Fernando Gago al cierre de los 90 minutos, que para más mala suerte, volvió a romperse el tendón de Aquiles. Era el único del mediocampo que tenía entre los suplentes, ya que Edwin Cardona y Agustín Almendra, que estaba en la planilla de los titulares para el partido del 24, quedaron fuera. Durante el ciclo de los Mellizos, el Xeneize logró un bicampeonato en la Superliga, pero nunca supo convencer al hincha con su juego ni con sus decisiones durante los partidos en estos dos años, y terminó pagándolo duro con esta derrota. ¿Ciclo cumplido? En La Boca ya se habla de que no sigue. Suenan varios reemplazantes, entre ellos Gabriel Heinze, Antonio Mohamed y Martín Palermo. Comenzará durante todo el mes, y tal vez el siguiente, una larga danza de nombres.

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