El rosarino Mario Santilli es arquero del equipo venezolano Deportivo La Guaira, y relata las complicaciones que observa diariamente frente a un escenario político convulsionado.

Vivir, jugar y resistir en Venezuela

Manuel Antuña

28 DE MARZO DE 2018

Desde el 23 de enero, cuando Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, se autoproclamó “presidente encargado” del país bolivariano desde la plaza Juan Pablo II y, casi en simultaneo, Nicolás Maduro manifestó que se estaba llevando a cabo un intento de golpe de Estado impulsado por los Estados Unidos y que rompía las relaciones diplomáticas con el “gigante del norte de América”, los ojos del mundo están posados en Venezuela.

Esa misma noche, mientras comenzaban los incidentes, que más tarde arrojarían el trágico registro de 30 muertos y alrededor de 800 detenidos, el equipo venezolano Deportivo La Guaira hacía su debut en la Copa Libertadores frente al Real Garcilaso de Perú, en el estadio Olímpico de Caracas, por el partido de ida de la Primera Fase.

En medio de los tumultuosos acontecimientos, el equipo cuyo nombre hace referencia a la ciudad capital del estado de Vargas, pero que en realidad juega y se entrena en la principal metrópoli de Venezuela, se impuso por 1 a 0.

El rosarino de 34 años Mario Alberto Santilli fue el arquero de los naranjas esa velada. Y lo volvió a ser seis días después, cuando su equipo cayó por 2 a 1 en Cusco, Perú, y se clasificó por el gol de visitante a la Segunda Fase de la Copa Libertadores.

El hombre que hizo inferiores en Rosario Central y Central Córdoba de Rosario-club en el que llegó a debutar-, hace ya dos años que juega en Venezuela, donde conquistó la copa nacional en 2017 con Mineros de Guayana, y ha atravesado lo que muchos de sus habitantes padecen: inseguridad, desabastecimiento en los supermercados, falta de medicamentos, inflación y la devaluación de la moneda local.

Santilli charló con El Equipo sobre cómo se vivió desde adentro de la concentración de Deportivo La Guaira los episodios del 23 de enero, del momento de cambio que se respira en Venezuela y acerca de que los triunfos deportivos no pueden ocultar las problemáticas sociales que se viven en el día a día.

- ¿Cómo fue ese día en la concentración del equipo?

- Estábamos todos pendientes, era un día muy importante para el país por todo lo que se había hablado y lo que se venía viviendo día a día acá. Los compañeros, que son casi todos venezolanos, estaban al tanto de lo que podía pasar con sus familias, que seguramente se movilizaron. Fue uno de los días de protesta más importantes para el país en los últimos años, porque creo que se ha logrado un cambio en lo que va a ser el mandato de Venezuela. Nosotros veíamos a la gente pasando, manifestándose en las calles desde los ventanales del hotel en donde concentrábamos.

- ¿Cómo hicieron para jugar esa misma noche después de todo lo acontecido?

- Fue un poco atípico ya que la cabeza de todos estaba más pendiente de los hechos que en el propio juego. Pero al final no quedaba otra que concentrarse y asumir el encuentro con la máxima responsabilidad posible. Al entrar en la cancha, uno como profesional tiene que abstraerse de todo lo que está pasando afuera, sean problemas personales o en este caso sociales. No había otra opción, y encima en un enfrentamiento tan importante como el debut del club en la Copa Libertadores.

- ¿Qué clima se vive en el equipo?

- Muchas veces los jugadores de fútbol están un poco alejados de los temas políticos y no les dan demasiada importancia. Pero acá, en Deportivo La Guaira, se habla bastante acerca de política y los asuntos sociales que atraviesa el país. Es algo que me provoca a mí querer interiorizarme sobre lo que acontece hoy en Venezuela, porque el tema es realmente duro y está afectando a las familias de mis compañeros.

- ¿Cómo ves vos la situación de la gente en Venezuela?

- Es complicada, es triste, es difícil, todos los adjetivos negativos que quieras buscar. Es muy complejo para la gente trabajadora. Resulta cada vez más difícil estar bien acá porque todo cuesta. Conseguir alimento, poder tener el dinero para comprarlo, y te hablo de la gente de clase media, que, en otro país, esforzándose, viven de una buena manera. Hoy en día esa clase está desapareciendo y hace todo más cuesta arriba.

- ¿Hace mucho que se vive este descontento?

- Tengo entendido que esto empezó a empeorar desde el 2013. Cuando yo llegué a Venezuela, en 2017, el país estaba así y no ha mejorado en nada.

La forma de conseguir alimento es muy complicada, los supermercados no están totalmente abastecidos. Se tiene que estar recorriendo varios locales para poder hacer una compra que comúnmente en otro país se hace toda en un almacén, y acá una persona tiene que estar buscando dónde conseguir las cosas.

También hay una inflación diaria de la moneda nacional. Todos los días, todo sube. Uno va a comprar algo y no encuentra los precios en las estanterías porque los tienen que subir todos diariamente. Uno recién se entera cuánto cuesta la compra cuando llega a la caja.

La escasez de medicina no la padezco porque al no tener grandes complicaciones, las cosas básicas las conseguimos en el club gracias a los médicos del plantel.

Lo más triste es no poder salir a las calles por la inseguridad, que uno no es libre en su vida social de hacer lo que quiera. A la tardecita/noche ya hay que estar guardado.

- En este momento, ¿la gente tiene miedo de expresarse?

- Creo que no. Ya las personas han perdido el miedo a todo. Aunque aún hay un poco de temor a querer expresarse o de mostrar algunas cosas, porque se ha escuchado que han ido a buscar a jóvenes que se estaban manifestando hasta a sus casas, que los encierran. La gente de Venezuela está buscando un cambio y este es el momento para hacerlo, ya que hay una repercusión a nivel mundial.

- ¿Hubo incidentes por la zona en donde vivís?

- No exactamente por donde vivo. Mi novia me contó que el 23 de enero se veía pasar a la gente que iba hacia los puntos de encuentro. Nosotros estamos a 20 cuadras de la plaza Altamira, que fue un lugar de agrupación importante aquel día.

- ¿Te sentís seguro en este momento en Venezuela?

- Yo vivo tranquilo. No frecuento las marchas, aunque duela todo lo que está viviendo la gente, porque es muy arriesgado al no conocer bien la zona de Caracas. Al oscurecer, las calles son complicadas para salir, es aconsejable no hacerlo. También es recomendable que si uno es extranjero no hable mucho para que no se den cuenta que se es de otro país, porque no sabés a quién tenés al lado. Acá la inseguridad es realmente grande, es lo que se vive en el día a día. Hay que evitar andar en lugares públicos, y tratar de estar un poco encerrados, lastimosamente.

- La Selección sub-20 de Venezuela se encuentra haciendo un gran sudamericano en Chile y Deportivo La Guaira logró avanzar de fase en su debut en la Copa Libertadores; ¿creés que estos acontecimientos deportivos le llevan un poco de felicidad a un pueblo que está tan conmocionado?

- Más allá del buen trabajo que viene haciendo Venezuela en las selecciones juveniles, cosa que quedó demostrada en el último Mundial sub-20 donde llegaron a la final, la satisfacción deportiva es para la gente que está avocada al fútbol. Los que están atravesando problemas sociales no le deben estar prestando mucha atención. La clasificación que obtuvimos a la siguiente fase de la Libertadores es importante para los que consumen este deporte y espero que haya sido una alegría para ellos y para el pueblo, pero, por lo que se está viviendo, al común de la gente poco le debe importar.

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