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En 1998 llegó por primera vez al Malecón de La Habana.

Camino a Camagüey

Mark Kuster es suizo, pero en 2001 decidió fundar la ONG Camaquito en la provincia cubana de Camagüey y luego darle al fútbol un lugar principal en las actividades recreativas y formadoras para miles de niños camagüeyanos.

Tomás Torres @tomitorres93
04 de Septiembre de 2015

En la presentación de este trabajo se intentó explicar cuál era el objetivo principal que se iba perseguir en estas líneas, y era el de entender a Cuba a través del fútbol. No porque el deporte en sí no sea lo suficientemente importante como para merecer una investigación exclusiva, sino porque lo más lindo e interesante del deporte son las historias detrás de él, las de las personas, y sobre todo si nacieron en un lugar del mundo tan particular como esta isla. Y el fútbol es una buena excusa para comprender a una sociedad, pero también para ayudarla. El deporte ha sido siempre uno de los pocos lugares adonde los niños pueden distraerse, educarse y hacer amigos sin importar cuánta plata tenga el otro en el bolsillo o qué problemas tenga cada uno en sus casas. Mientras se practica deporte, todos somos iguales. Nos sentimos contenidos porque es el espacio común del mundo dentro del cual somos más humanos. El deporte –no confundir con el negocio del deporte– es un arma de humanización masiva.

Esto, entre otras muchas cosas, lo entendió y puso en práctica Mark Kuster, un suizo que hoy tiene 42 años, que en las prósperas y pacíficas tierras europeas era un económico que trabajaba en una empresa de seguros; que hasta los 20 años, antes de que le gustara más la noche que la pelota, jugó en el club Locarno de la Segunda División de su país; que en 1998 viajó con sus amigos a Cuba, fuera de cualquier misión humanitaria, cuando Camaquito era apenas una simpática conjunción de dos palabras a la que nadie se le había ocurrido aún. Y que ahora es mitad cubano. O un poquito más: “Paso más tiempo en Cuba. Nueve meses allá y tres en Suiza. Es la vida. Es mi trabajo. Me encanta”. Es que en 2001 Mark fundó la ONG Camaquito, cuyo “objetivo es apoyar a niños –o chamaquitos, como les dicen– en Cuba, principalmente en la provincia de Camagüey”.

Cuando pisó por primera vez la isla, Mark tenía 25 años. Aquella estancia de una semana le alcanzó para recostarse sobre la arena de la paradisíaca Varadero y pasear por Holguín, Santa Clara y Camagüey. Esta última, una ciudad del centro-este, fue la que eligió para conocer un poco más en profundidad. “El impacto fue ahí. No porque Camagüey me haya gustado más que otras ciudades, pero sólo tenía tiempo de conocer poquito una ciudad, y esa fue Camagüey. Y hoy estoy muy contento de que fue Camagüey porque de verdad es la mejor ciudad que tiene Cuba. La mejor gente. El mejor fútbol. El mejor ballet que tiene Cuba es de Camagüey”, cuenta orgulloso desde su casa en Zurich, en una de las fugaces visitas que realiza cada año.

-¿Cómo surgió la idea de fundar una ONG?

-Luego de un primer viaje en 1998 que hice con amigos míos de Suiza. Me fascinó el pueblo, la gente, la historia de Cuba y vi que había necesidades. Fue más casualidad. Nunca había tenido en mi mente hacer algo así. Fue sólo una semana en Cuba. El viaje había sido turístico. Cuando empecé fue un paso difícil, porque primero yo no sabía hablar español. Al final aprendí un poquito. Tampoco sabía qué era Cuba, ya tu sabes, un poco por la prensa, la Revolución, Fidel Castro. No sabía qué era la Cuba real. Después del 98 viajé varias veces, solo, sin amistades, para conocer personas, funcionarios del gobierno, de la dirección de educación, para empezar juntos a elaborar un plan. Necesitaba saber qué necesidades tenía Cuba. O qué quería Cuba. Y cómo son las leyes. Cómo podría funcionar una ONG. No sabía y poco a poco empecé, y el primer contacto oficial fue con la dirección provincial de educación de Camagüey.

La fecha en la que realizamos esta entrevista coincidió con un hecho histórico para Camagüey y para él en especial: el equipo de fútbol de la ciudad salió campeón del Campeonato Nacional después de 38 años. Esto no fue una coincidencia ni algo que se haya dado por azar. Los jugadores que defienden la camiseta azul de Camagüey en cada partido llevan inscriptos en ella el sello de Camaquito. “Algunos jugadores me escribieron –cuenta Mark–, me felicitaron, me agradecieron por el apoyo que di durante los últimos años. Estoy muy contento, porque al final era un pequeño sueño de la familia del fútbol en Camagüey y es lindo cuando tú tienes una meta en tu vida, trabajas duro por ella y llega el día en el que la logras. Es un sentimiento que no se puede describir. Una de las cosas más lindas es tener una meta y al final lograrla”.

–¿Qué rol cumple el fútbol en Camaquito?

–El fútbol es uno de los proyectos. Lo que queremos lograr con el fútbol no es buscar talentos para que Cuba algún día juegue una Copa Mundial, sino buscar un impacto social, utilizarlo como herramienta de desarrollo social de niños y jóvenes. Y a ese proyecto nosotros le damos mucha importancia, porque dentro de la estrategia de Camaquito tenemos dos tipos de proyectos: de infraestructura, que significa reparaciones de escuelas, hospitales, hogares; y la otra parte es dedicarnos al tiempo libre de los niños, y ahí el fútbol es uno de los proyectos que reúne hoy en día a casi mil niños y niñas en Camagüey. Además de practicar fútbol y desarrollarse, la idea es también apoyar a niños que tienen sus problemas, ¿no? Problemas familiares, en la escuela, y a través del fútbol estamos buscando una herramienta para que el niño o la niña puedan encontrar un lugar donde se puedan desconectar de los problemas. También tenemos psicólogos, trabajamos en conjunto la educación y la salud.

Uno de los voluntarios con los que cuenta desde 2008 el proyecto del fútbol en Camaquito es el ex arquero de la selección nacional de Suiza Jörg Stiel, que cada año se acerca hasta la ciudad cubana para compartir el tiempo con los niños.

Más allá de Camaquito, para Mark el fútbol fue siempre una parte importante en su vida y eso es lo que también quiere transmitir a través de él. “Fue un asesor, mis amistades siempre fueron dentro del fútbol, me acompaño en mi niñez y juventud. Aunque jugué en el Locarno no soy fanático de un equipo, pero me gusta el equipo nacional”, dice, mientras me permito hacerle una broma que contesta con la gracia y amabilidad que tuvo desde el primer contacto.

-Los dejamos afuera del Mundial…

-Sí, por eso tuve que pensar si iba a conversar contigo o no.

Si ha leído la primera parte de este informe, ya sabrá aproximadamente con qué popularidad cuenta hoy en día el fútbol en la isla. Y si no lo hizo, Mark suma su testimonio a los ya exhibidos, exponiendo lo mismo que todos: el fútbol se juega más que el béisbol. “El fútbol en Cuba creció en los últimos seis años por que en la televisión nacional se ve cada vez más. Creo que el fútbol no se puede parar. Aunque hoy todavía el deporte nacional sea la pelota, en algunos años el deporte más popular será el fútbol. Hoy a los jóvenes les gusta más. En Camagüey es así. De todas formas, para nosotros la pelota no es una competencia. Es importante que los niños hagan algo sano, ya sea jugar a la pelota, al fútbol, vóley, o ya sea tocar un instrumento”, explica.

En la última temporada, Camagüey se consagró campeón nacional cuando todavía restaban algunas fechas por jugarse. Los resultados fueron aplastantes: 13 victorias, 1 empate y 3 derrotas; terminó con 40 puntos, mientras que el escolta, Cienfuegos, cosechó 28. Sin embargo, no lo pudo festejar en casa. El campo de juego de los camagüeyanos se encuentra impracticable, por eso mudaron su localía a Minas, un pueblo de la misma provincia de Camagüey a 30 kilómetros de la capital. Por ello en el último tiempo surgió la idea de hacer un nuevo terreno. En el 2011, a 10 años de la fundación de la ONG, Camaquito publicó un balance de la década en el que señaló esta posibilidad. Pero la idea parece todavía lejana, incluso a cuatro años de aquella expresión de deseo.

-¿Planean construir un nuevo estadio?

-Esa es todavía una idea, pero hasta hoy el INDER en Camagüey no tenía los recursos humanos, los constructores, para hacer eso. Ahora hay un interés del gobierno de Camagüey para hacer un terreno, pero sin financiamiento de Camaquito. En este momento veo que es muy difícil hacer un terreno de fútbol y un estadio porque, por ejemplo, en Camagüey hay muchas tareas del gobierno en construcciones, reparaciones de viviendas y hospitales, y todavía no hay capacidad para hacer esto. Entonces yo no invierto dinero en algo que no sé si va a salir 100% bien. Por eso no es actual ese tema del estadio. De todas formas estoy hablando de algo sencillo. Una cosa que principalmente falta en Cuba son campos de fútbol. El de Camagüey no se puede utilizar y eso afecta mucho. Para un niño no es malo aprender a jugar al fútbol en la calle o en un mal terreno, pero para el primer nivel no sirve.

A pesar de estos inconvenientes, Mark no cree que el gobierno cubano no esté haciendo cosas a favor del fútbol. Entiende que Cuba debe atender otras necesidades más urgentes y que incluso los amantes del fútbol no deben exigir que porque este deporte haya tomado una importancia mayor en los últimos años, el gobierno deba apoyarlo. De todas formas, no es ajeno a las problemáticas que enfrentan aquellos que lo practican, y son dos los puntos que escuché hasta el hartazgo con cada cubano que me ha tocado entrevistar para este informe: los terrenos, como ya ha explicado, y el sistema de la liga. “Se juega poco. Un jugador del equipo nacional, ahora cuando se termina el torneo –mayo–, recién en el verano juega el torneo municipal… un fútbol callejero más o menos. Después el campeonato provincial, y luego nuevamente el nacional. Significa que un jugador de nivel internacional está jugando varios meses en un nivel muy bajo. Y por eso nunca puede brindar en comparación con otros países. Porque el nivel que tiene es de tres meses de competición más uno de preparación. Un jugador del equipo nacional tiene que entrenar y jugar fuerte. Un torneo de 8 meses”, propone el oriundo del país que alberga a la sede de la FIFA, a la que además Camaquito está vinculada a través del progama Football For Hope, que apoya a ONG’s de todo el mundo.

Ya son catorce los años que Mark lleva viviendo en Camagüey. Catorce años de conocer al cubano de a pie. Y quizás todavía –y quizás nunca– termine de entender al cien por ciento qué significa ser un cubano de a pie. De todas formas, no caben dudas de que es una voz autorizada para acercarnos no sólo la cultura del pueblo, sino también a la realidad que viven hoy en la isla los más de 10 millones de cubanos, o al menos la de los 800.000 camagüeyanos.

-¿Cómo son los cubanos?

-Los cubanos son muy solidarios. La familia es muy importante para ellos, como para todos los latinos. Es un pueblo muy inteligente, educado, con mucho valor. También están en la lucha, como dicen ellos, lamentablemente el salario estatal no es suficiente y eso da la lucha de las personas. Pero aparte de la economía creo, y esto es importante para los cubanos, especialmente para los jóvenes, que no deben olvidar lo que logró la Revolución. No estoy diciendo que algo ahora esté mal hecho, digo que en la economía necesitamos más desarrollo, más libertad, pero no se puede olvidar de los logros sociales que son fundamentales para el desarrollo de una sociedad y para el desarrollo de una economía. También la educación que hoy existe cumplirá un papel importante en el país del futuro.

-Un altísimo porcentaje de la población tiene título universitario…

-Igual eso es un poco demasiado. Porque tampoco una sociedad vive de universitarios. También se necesita gente que arregle calles, que arreglen casas y no todos pueden ser licenciados. Pero es la verdad; la formación en Cuba es uno de los ejemplos que tiene en comparación con el resto de los países de América Latina.

-¿Ves alguna diferencia respecto a la primera vez que fuiste?

-Por supuesto que veo una diferencia, pero no es precisamente porque haya habido muchos cambios. La diferencia es que ahora yo tengo más experiencia con la gente, más tiempo viviendo, una visión más profunda en la sociedad. Pero como todos los países, está en un proceso de desarrollo. Creo que una parte del pueblo vive mejor que hace 10 años. Precisamente la gente que está trabajando en el sector del turismo, que tiene acceso a la divisa. Hay otros que no tienen acceso a la divisa y se les hace un poquito más difícil. Pero las estructuras se han mejorado en los últimos 15 años. Y van a seguir mejorando. Debo decir que hay cosas que no están bien todavía, pero creo que debemos dar un poco de confianza al pueblo y al gobierno para buscar un camino y mejorar la cosa. Porque tampoco no se puede mejorar en tan pocos años.

-¿La apertura del bloqueo mejorará la situación?

-Sí, claro. El bloqueo afectó económicamente fuerte el desarrollo de Cuba, pero no sólo podemos echarle la culpa al bloqueo de Estados Unidos. Por eso es también un desafío para el gobierno y el pueblo cubano el buscar soluciones internas. Pero también necesitamos que termine el bloqueo de EEUU contra el pueblo. Porque sabemos que ni el bloqueo puede lograr lo que siempre se propuso el gobierno de Estados Unidos. Y al contrario, afectó al pueblo y no a los líderes políticos.

Tal como señalé en Vida y otras cuestiones, hubieron algunos aspectos del día a día de los cubanos que no admitieron discusión, al menos entre los entrevistados: que todos los cubanos tenían techo, educación, salud, tiempo y un plato de comida cada noche. “Sí, eso es verdad –ratifica Mark. Cuba tiene buenas cosas, pero algo que todavía falta de verdad es mejorar los salarios. Entonces en eso está trabajando el gobierno”. Sin embargo, admite que la alimentación, como ya habían explicado otros, no es la mejor. “Aunque no sea el mejor plato, arroz, huevo y dos tomates, todos tienen”, nos decía el jugador Roberto Linares en aquella misma nota. Y el suizo confirma la poca variedad de alimentos y sobre todo la importancia de esto para un futbolista: “La alimentación para un deportista no es la mejor. El problema de la comida no está resulto a un nivel alto, pero hay. En los últimos años ha mejorado porque el gobierno le dio más prioridad al sector de la agricultura, también a la idea de las cooperativas, porque hay que sembrar y en Cuba hay tierra”.

-¿Qué comés habitualmente en Cuba?

-Arroz, carne de puerco, pollo, frijoles. En Cuba no hay una gran comida. El arroz es el principal alimento. Y según la estación, por ejemplo la fruta o vegetales, pero el cubano no es muy fan de eso. El cubano necesita carne, puerco y arroz. Y claro para fin de año la yuca. Ahora hay siempre papa.

La charla con Mark es necesariamente extensa. Es que pocas personas en el mundo se animan a renunciar a una vida cómoda, en el país más caro del mundo, para entregársela por completo a personas que ni siquiera constituyen su familia de sangre, que tampoco son compatriotas, que siempre estuvieron tan lejos de su casa. Quizás caiga en un lugar común al decir esto, pero es lo que pensé desde el inicio: lo que más me sorprendió fue que Mark fuera suizo. A simple vista uno puede darse cuenta de que Suiza es un país que está en las antípodas de Cuba. Sin llegar a ser Cuba un extremo, Suiza lo es. Y aunque no sea lo más importante ni la esencia de todo esto, es sin dudas un valor agregado.

Mark- Primero seguí trabajando con la idea de fundar la ONG. Pero nunca desde el inicio tenía la idea ni el deseo de dejar mi trabajo en Suiza e ir a dedicarme completamente a Camaquito. Pero Camaquito creció y llegó el momento de decidir qué hacer. Porque no fue posible seguir con Camaquito en mi tiempo libre, porque se había convertido en un gran proyecto, había que buscar dinero, financiamiento y también es una gran responsabilidad porque hay que cumplir con los donantes que aportan el dinero, aparte siempre cuando te comprometes con un proyecto que incluye a niños, personas que están esperando un apoyo tuyo, pues eso deja de ser un hobbie. Entonces decidí que voy a dedicarle mi vida a Camaquito.

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