La consagración de Sol Ordás como campeona olímpica viene luego de varios años de una obsesión familiar para alcanzar la gloria en el remo.

La medalla codiciada por dos generaciones

Agustín Loza (@agustinloza25)

28 DE MARZO DE 2018

María Sol Ordás escribió una de las páginas gloriosas para Argentina en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018. Las aguas de Puerto Madero se vistieron de gala para consagrar a la nicoleña como campeona olímpica en single scull y así desató la euforia entre los seguidores argentinos que alentaron en el Puente de la Mujer, en los distintos puntos de la ciudad porteña o en cualquier parte del país y el mundo frente a un televisor.
Ordás escribió en los libros de historia del deporte lo que no pudo hacer su padre Damián en Sidney 2000, al igual que su madre, Dolores Amaya, quien había participado en la misma disciplina en Atlanta 1996 pero cuatro años después no pudo viajar a tierras australianas justamente porque estaba embarazada de Sol, que llegó al mundo justo en pleno desarrollo de las primeras olimpiadas del siglo XXI.
La flamante campeona olímpica nunca fue en contra de su destino, heredó la pasión que sus padres sentían: subir a un remo para representar al país. Logró la hazaña que tanto soñaron sus papás, quienes hace 22 años empezaron a luchar por el anhelo que por fin consiguieron ayer: ganar la medalla dorada.
Otra vez el remo, ese deporte que tantos resultados positivos le dio a la delegación albiceleste en la historia del olimpismo moderno. Lo de Ordás tiene una particularidad: se convirtió en la primera mujer en ganar una presea de oro en un Juego Olímpico. La flamante campeona quiere sacar credenciales para sentarse en la mesa de los grandes, tales como Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero, campeones olímpicos en Helsinki 1952 en doble remos par sin timonel, o de Alberto Demiddi, el remero argentino más importante de todos los tiempos, quien supo ganar la medalla de bronce en México 1968 y la de plata en Múnich 1972.
Pasaron 46 años para ver a remeros argentinos nuevamente en el podio. El martes fue el día de los jóvenes Felipe Modarelli y Tomás Herrera, quienes fueron terceros en dos remos sin timonel y también estuvieron alentando por Ordás en el dique 3 de Puerto Madero como cualquier hincha argentino.
Por ahora, los deportes acuáticos fueron las estrellas argentinas de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018. Delfina Pignatello le otorgó una medalla de plata a la delegación local y todo el país se emocionó con ella por el fresco recuerdo de su abuela. Luego, todos fueron testigos de cómo la familia Ordás por fin lograba dejar una huella imborrable en la historia del remo argentino después de tantos años de dedicación.
La excelente actuación de los locales en esta disciplina hace soñar con un gran futuro de cara a las siguientes ediciones de los Juegos Olímpicos, pero hay mucho para mejorar, principalmente a nivel dirigencial. No deben dejar que las consagraciones opaquen los malos manejos. No hay dudas, desde abajo, hay chicos que van a remar hasta alcanzar sus sueños, como lo hicieron Ordás, Modarelli y Herrera.

María Sol Ordás escribió una de las páginas gloriosas para Argentina en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018. Las aguas de Puerto Madero se vistieron de gala para consagrar a la nicoleña como campeona olímpica en single scull y así desató la euforia entre los seguidores argentinos que alentaron en el Puente de la Mujer, en los distintos puntos de la ciudad porteña o en cualquier parte del país y el mundo frente a un televisor.

Ordás consiguió lo que su padre Damián no pudo lograr en Sidney 2000, como tampoco su madre, Dolores Amaya, quien había participado en la misma disciplina en Atlanta 1996 pero cuatro años después no pudo viajar a tierras australianas justamente porque estaba embarazada de Sol, que llegó al mundo en pleno desarrollo de los primeros Juegos Olímpicos del siglo XXI.

La flamante campeona olímpica nunca fue en contra de su destino y heredó la pasión que sus padres sentían: subir a un remo para representar al país. Obtuvo la hazaña que tanto soñaron sus papás, quienes hace 22 años empezaron a luchar por el anhelo que por fin consiguieron ayer: ganar la medalla dorada.

Otra vez el remo, ese deporte que tantos resultados positivos le dio a la delegación albiceleste en la historia del olimpismo moderno. Lo de Ordás tiene una particularidad: se convirtió en la primera mujer en ganar una presea de oro en un Juego Olímpico. La flamante campeona quiere sacar credenciales para sentarse en la mesa de los grandes, tales como Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero, campeones olímpicos en Helsinki 1952 en doble remos par sin timonel, o de Alberto Demiddi, el remero argentino más importante de todos los tiempos, quien supo ganar la medalla de bronce en México 1968 y la de plata en Múnich 1972.

Pasaron 46 años para ver a remeros argentinos nuevamente en el podio. El martes fue el día de los jóvenes Felipe Modarelli y Tomás Herrera, quienes fueron terceros en dos remos sin timonel y también estuvieron alentando por Ordás en el dique 3 de Puerto Madero como cualquier hincha argentino.

Por ahora, los deportes acuáticos fueron las estrellas argentinas de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018. Delfina Pignatiello se adueñó de la medalla de plata en los 800 metros libres y todo el país se emocionó con ella por el fresco recuerdo de su abuela. Luego, todos fueron testigos de cómo la familia Ordás por fin lograba dejar una huella imborrable en la historia del remo argentino después de tantos años de dedicación.

La excelente actuación de los locales en esta disciplina hace soñar con un gran futuro de cara a las siguientes ediciones de los Juegos Olímpicos, pero hay mucho para mejorar, principalmente a nivel dirigencial. No deben dejar que las consagraciones opaquen los malos manejos. No hay dudas: desde abajo, hay chicos que van a remar hasta alcanzar sus sueños, como lo hicieron Ordás, Modarelli y Herrera.

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