El pebetero olímpico es donde todas y todos los visitantes del Parque ubicado en Villa Soldati se encuentran sin hacer una larga fila 

Mucho más que fuego

Gastón Pestarino

28 DE MARZO DE 2018

El público argentino desborda los estadios. Las largas filas los colapsan, incluso horas antes del comienzo del evento. Esto implica que no todos hayan tenido la posibilidad de ingresar a alguno. Pero hay un lugar en el Parque Olímpico en donde siempre se reúne gente, sin importar la competencia que se esté desarrollando. Un punto que quizás no tenga la gran convocatoria de los distintos pabellones, pero que es más especial e histórico que todos ellos juntos: el pebetero olímpico.

Ubicado no tan lejos de la entrada, resalta su figura cuando se hace de noche. Las luces que lo rodean le dan el toque complementario de belleza y fineza. Nadie quiere irse del Parque sin su foto ahí y es cuando comienza el show de las poses y reclamos. Que algunos quieren salir con la llama “en la mano”, que otros desean cuerpo entero desde afuera... Y no es solo público que asiste a las competencias, sino que periodistas extranjeros y hasta atletas de distintas nacionalidades se llevan el recuerdo a su casa.

Decir que es solamente una llama con caños de gas que la mantienen prendida todo el día es un grave error. Esta larga tradición proviene de hace muchísimos años y representa los valores positivos que el ser humano siempre ha tenido con el fuego. En los antiguos Juegos, se encendía con el sol para asegurar su pureza. Sorpresivamente, la primera vez que hizo su aparición en los de la modernidad, no fue en Atenas 1896, sino en Ámsterdam 1928.

El relevo de la antorcha que actualmente se conoce y que tiene su última etapa en el final de la ceremonia de apertura con el encendido del pebetero, se realizó por primera vez en Berlín 1936, para mostrar el poderío alemán del momento. En ese entonces, se prendió el primer fuego en Olimpia (Grecia) y atravesó diversos países hasta llegar a la ciudad anfitriona. Es así que para cada Juego, el encendido se realiza en dicho lugar y la llama no debe apagarse hasta el final de los mismos.

Esta unión entre Olimpia y la sede de turno enfatiza el vínculo entre los Juegos de la antigüedad y los modernos, para mostrar la gran conexión entre ambos. Mucho más que un simple fuego que genera una gran emoción al verlo.

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