Cada vez son más las personas que no tienen un lugar donde vivir en Capital Federal, pero siempre hay alguien que busca darles una mano. El Hospital Santojanni brinda un espacio para que alrededor de 30 personas puedan pasar la noche. El Equipo habló con integrantes de ese grupo que día a día pelea por mejorar su situación. 

La calle no es un lugar para vivir

Sebastián Jurczyszyn

28 DE MARZO DE 2018

En julio de 2017 el Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta comunicó que hay alrededor de 1000 personas en situación de calle en la Capital Federal. Sin embargo, el censo realizado por el Ministerio Público de Defensa, asegura que la cifra rodea a las 6000. El número puede cambiar en cuanto a quiénes son considerados como “gente en situación de calle”. El informe realizado porMinuto1a mediados de este año afirma que la gente allegada a Larreta no consideró a las personas que se alojan en forma transitoria en paradores como “en situación de calle”. En cambio, la cantidad arrojada por el Ministerio fue más amplia y sí incluyó un mayor número de razones.

Es extremadamente difícil determinar la cifra exacta. Pero lo que sí se puede investigar es la causa que lleva a estos seres humanos a dormir en las veredas de la ciudad. El porqué de su situación actual y los planes que algunos de ellos tienen de cara al futuro.

Hoy en día el Hospital Donación Francisco Santojanni, ubicado en el límite entre Mataderos/Liniers, le da un lugar para pasar las noches a entre 10 y 30 personas sin hogar. Ellos son quienes contaron sus experiencias. ¿Cuál es la causa de la situación en la que están hoy? ¿Cómo viven y llevan los días sin casa y sin trabajo? En donde muchos verían un pozo sin fondo, este grupo de personas en particular busca la forma de construir una escalera.

Según testimoniaron la gran mayoría de los entrevistados, la principal causa del problema es la falta de dinero y, por lógica, la de trabajo. “Uno puede estar capacitado para realizar un laburo pero cuando confesás que vivís en la calle y que dormís en un hospital todo se hace cuesta arriba”, declaró Fausto, un señor de 50 años que hace de trapito y que está en la calle hace 20 meses. Generalmente son cuatro o cinco los que se turnan para acomodar autos en los alrededores de la zona. Luego cenan y duermen juntos.

“Muchas personas pasan y nos ven de forma rara, a veces hasta con desprecio. Pero nosotros nos ayudamos entre sí, es la única forma de sobrellevar este momento. Tratamos de apoyarnos los unos a los otros aunque siempre hay alguno que hace la suya”, comentó con disgusto otro de los muchachos llamado Gustavo, quien tiene como primer objetivo juntar unos pesos para alquilar un departamento. “Cualquier lugar que me dé un techo y un colchón en donde pueda dormir tranquilo es bienvenido”, remarcó con esperanzas.

Una cruda realidad es que a medida que pasan los días se hace cada vez más difícil reincorporarse a la sociedad. Los malos hábitos, la falta de higiene, comida y principalmente de una cama digna llevan a algunos a hacer cosas de las que no se enorgullecen como mendigar dinero o, en el peor de los casos, robar. Este último no es el caso del grupo que se junta en la guardia del Santojanni. Ellos intentan ganarse la vida y valoran cómo algunas iglesias o familias independientes se acercan todas las noches para llevarles un plato de comida caliente. Aunque afirman que conocieron muchos casos de “rateritos” que sí tomaban cosas ajenas a la fuerza. Intentan que ese tipo de personas conflictivas no se acerque a la zona.

Esto es como en muchos ámbitos de la vida: cuando alguien lleva un tiempo en un mismo laburo, sabe identificar al novato, al que recién salió de la entrevista de trabajo. En estos casos pasa lo mismo. El que vive en la vía pública sabe distinguir cuándo una persona está pasando sus primeros ratos en la calle y ellos intentan darle una mano para sumarlo al grupo y que juntos puedan salir adelante en la vida.

A la hora de buscar un lugar para pasar la noche, eligen el hospital porque, como se dijo antes, todos los días aparece un grupo religioso, una fundación o una familia que se acerca para arrimarles un plato de comida. El grupo los recibe con los brazos abiertos y son muy agradecidos cuando llega el momento de la cena.

En este clan, integrado por al menos diez personas, su lema es la unión. Dan fe de que siempre se puede salir adelante a pesar de los golpes recibidos. Es por eso que no les deben faltar las ganas de luchar, tener un trabajo digno, un hogar y sobrepasar todos los obstáculos que la vida les presente.

Esta gente nunca sabe lo que les puede llegar a pasar y no tienen muchas formas de comunicarse entre sí. Cuando alguno deja de aparecer por uno o dos días siempre piensan lo mejor. Algunos rezan por que ese individuo haya encontrado un techo. Otros sólo le desean suerte ya que en una situación tan extrema como ésta, la creencia en Dios va en aumento o se desvanece. Pocas veces tiene un término medio.

Estar unas horas en los zapatos de éstas personas no es para cualquiera. Las calles consumen sus esperanzas, sus ganas de salir adelante y no se puede describir en carne propia lo que ellos digieren en el día a día. Pero su verdadero reto no es sobrevivir, sino que se trata de seguir viviendo de una manera digna. También son personas y merecen una oportunidad, de ahí en adelante dependerá de ellos saber aprovecharla y sacar todo el jugo posible.

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