En el penal de San Martín, 35 reclusos formaron un equipo de rugby que se enfrenta con clubes poderosos. El deporte y la religión sirven para unir y salvar a un grupo de hombres que alguna vez pudieron haberse equivocado.

Los Espartanos: en libertad tras las rejas

Catalina Sarrabayrouse

28 DE MARZO DE 2018

Un beso cálido y un fuerte abrazo es como cada uno de ellos recibe a sus invitados junto a una sonrisa, casi tan grande como su fortaleza. Un equipo, una familia, un grupo, todo eso y más son los Espartanos, el equipo de rugby de la Unidad 48 de máxima seguridad de San Martín.

El grupo está integrado por 35 hombres. Cada uno de ellos tiene una historia que contar, un recuerdo del cual arrepentirse, una familia a la que extrañar y un corazón noble que brindar. El pabellón ocho está integrado solamente por miembros del equipo y en cada esquina, las paredes pintadas de naranja, verde y amarillo entre otros colores son el complemento perfecto para estos jugadores llenos de esperanza y alegría.

Las imágenes de distintos partidos resumen algunos de los momentos más importantes de este equipo. Rivales como el Club Newman o el Club Atlético de San Isidro aparecen retratados en los murales. Los dueños de casa reciben a sus invitados y los acompañan en una recorrida en la que les enseñan cada una de estas maravillosas decoraciones.

Al entrar, el segunda línea Jonnie puede ser uno de los que guie al visitante por el mundo espartano; le mostrará la carta escrita por el Papa Francisco donde la frase: ¨En el arte de ascender lo importante no es caer, sino no permanecer caído¨ es la preferida tanto de él como de otros integrantes del equipo. Esas palabras no solo fueron motivo de tatuajes en la piel para varios de ellos sino también un empujón para seguir luchando cada día por alejarse de aquellos pensamientos e impulsos negativos.

Otra de las paradas del recorrido será el gimnasio donde un letrero grande informará algo que en cualquier otro espacio deportivo no será habitual observar: ¨Lugar de deporte prohibido fumar¨. Además, una rutina escrita en lapicera negra y pocas maquinas estarán presentes allí. El camino sigue y los guías de la visita muestran las fotografías de la pared mientras relatan jugadas, anécdotas y resultados de cada ocasión.

El famoso ¨santuario¨ no puede faltar en el recorrido. El cuarto número 15 es visitado con admiración ya que sus paredes están cubiertas por camisetas tanto de fútbol como de rugby. Se podrá ver desde la de Pueyrredón hasta la de Chacarita, desde San Lorenzo hasta San Isidro Club, CUBA hasta Independiente, todas colgadas de pequeños palitos de helado y plasticola. El cancionero ilustra las paredes ¨Si en Miami coco es una bebida, en Argentina Coco es una alegría¨, haciendo referencia al creador de este equipo, el abogado Eduardo ¨Coco¨ Oderigo. La siguiente parada será el himno espartano escrito sobre 10 hojas cuadriculadas A4 en marcador negro ubicado estratégicamente para ser visto y recordado por todos sus miembros.

Entre mates , bastante dulces, los jugadores abren su corazón a los invitados. Comparten con ellos fotos de sus hijos, mencionan su comienzo en el rugby y probablemente a más de uno le llame la atención que la mayoría del equipo no practicaba el deporte previamente antes de ser privados de su libertad. Dentro de la cárcel fue que aprendieron a jugarlo y amarlo. Ningún tema está prohibido. Si se les pregunta la razón por la cual están allí contarán sobre el crimen cometido con cierto dolor y si sobre la circulación de drogas se quiere hablar tampoco será un inconveniente. El equipo entero confiesa que desde que la ¨pasti¨ no entra al pabellón ellos son una familia y un equipo a puro corazón.

Ninguno de ellos niega haber peleado dentro de la penitenciaría. La mayoría asegura que antes de ser espartano, su vida era completamente diferente. En sus bolsillos los cuchillos estaban siempre listos, en sus manos la droga estaba siempre preparada para ser consumida y en su pecho, el dolor causaba estragos. La familia espartana tiene ciertas reglas que cumplir y en caso de no hacerlo no podrán formar parte de ella. Es así como el orden se mantiene y el crecimiento va en ascenso.

Las actividades varían. Martes de entrenamiento, miércoles de yoga y los viernes, la religión tienen lugar dándoles esperanza para no dejar de pelear. Los 35 jugadores rezan abrazados, la mayoría de ellos confiesa haber aprendido a hacerlo allí dentro y que previamente el Padre Nuestro no era un lugar de encuentro. La despedida es el momento más duro del día. El visitante que pensaba tener clara la vida abandona el penal de San Martín con la cabeza llena de nuevos pensamientos y es así como se vuelve imposible no querer volver a visitar a esta familia imperfectamente hermosa.

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