Los tres relatos de Sebastián Washington Abreu, el delantero que anotó uno de los goles más recordados por el pueblo uruguayo, que lo describen a la perfección. 

Abreu, un loco lleno de historias

Facundo Catalini (@FacuCatalini)

28 DE MARZO DE 2018

El 17 de octubre de 1976 llegó al mundo desde Minas, Uruguay, Sebastián Washington Abreu. Debutó en 1994 y, a partir de allí, empezó una carrera de locos. Pasó por 27 equipos diferentes en 11 países (superó a los 25 clubes en los que pasó el exarquero alemán, Lutz Pfannenstiel). Dos mundiales con su selección (Corea-Japón 2002 y Sudáfrica 2010). Se dio el lujo de pisar una cancha en cinco de los continentes y anotó más de 400 goles. Tres historias del loco que trotó, trota y ¿seguirá trotando? por el mundo.
LOS PENALES, PANENKA Y GHANA
Eurocopa 1976. Checoslovaquia y Alemania Federal llegaron a la final que terminó empatada en dos goles para cada uno y fueron a penales. El encargado del último tiro era Antonín Panenka. Agarró la pelota, tomó carrera, miró que el arquero, Sepp Maier, se jugó para su palo izquierdo, y con la punta de su pie acarició la parte inferior de la pelota para marcar un gol de vaselina. Para hacer el gol a lo Panenka.
Sudáfrica 2010, 34 años después. Ghana y Uruguay se enfrentaron por los cuartos de final de la primera Copa del Mundo disputada en África. Todo el continente africano haciendo fuerzas para que Uruguay no ganara. Partido empatado en uno. Penales. Misma historia que en 1976, pero esta vez es Sebastián Abreu quien pidió ser el del penal definitorio. Agarró la pelota, tomó carrera y cuando vio que el arquero ghanés, Richard Kingson, se jugó hacía un palo, el loco la empaló y le dio la clasificación a las semifinales a tres millones de uruguayos que estaban a sus pies. Pero no hay loco que no tenga su curiosidad. Un día antes de la eliminatoria, el Maestro Oscar Tabárez les hizo hacer una tanda de penales a sus jugadores. Tres cada uno. Abreu erró los tres –dos por arriba del travesaño y uno picándola- en ese entrenamiento. Hecho que sorprendió a sus compañeros, tanto es así que Sebastián Eguren, le dijo: “Papote, vamo' arriba que capaz mañana te necesitamos, ¡eh!” y el loco, ni lerdo ni perezoso, le contestó: “Mañana definimos en el quinto penal, pateo yo con el sello de la casa. Estate tranquilo”. ¿No hay loco que no tenga suerte? Y la parte más divertida de esta historia se dio apenas minutos antes de ese penal definitivo. Costumbre futbolera en la tanda de penales: ir todos a la mitad de la cancha a abrazarse y esperar que el compañero meta el gol y que el arquero ataje. En ese lapso, Abreu le insistía al compañero que tenía al lado, Jorge Fucile: “Fuchi, ¿se está jugando antes el arquero, no?” y el central respondió: “Sí, Loco”. Buscando un aliado para poder llevar a cabo su idea, Abreu insistió dos veces más: “Fuchi, ¿el arquero se está jugando antes, no?”, pregunta que llevó a Fucile a contestarle por última vez: “Sí, Loco. Picala y no rompas más los huevos”.
EL NÚMERO 13
“No tengo cábalas, tengo tradiciones. Está mi santuario, que es la camiseta que llevo abajo, para que me acompañen mis seres queridos. Después, voy en contra de cierta lógica: uso la 13 que nadie quiere, entro al campo con el pie izquierdo en vez del derecho”. En clubes o en la selección, para él, el número 13 no es de mala suerte como le parece a la gente común. Para él, el 13 es su número. El gusto por este “controvertido” viene por Fabián O’Neill, uno de sus grandes ídolos de su Nacional querido. Pero tuvo excepciones en algunos de sus tantos clubes en los que no lo pudo usar. Cuando debutó a los 18 años en el Defensor Sporting uruguayo, en la espalda de podría estar cualquier número, ya que por reglamentación los titulares debían tener del 1 al 11 y los suplentes del 12 al 18. En España, el número 13 lo utiliza obligatoriamente el arquero. En su paso por la Real Sociedad, el Loco ya estaba acostumbrado a que ese número esté en su espalda. Ya era una obsesión. Por lo que derivó a que el utilero del club, Michelo, le dijera: “Chaval, tengo la solución, vas a jugar con la 18, pero como el 8 son dos tres, le meto una línea blanca fina en el medio y nadie se dará cuenta. Para el de afuera eres el 18, para nosotros, el 13”. Y así fue, rayita al medio y las 13 camuflada para Abreu. En el Santa Tecla del fútbol de El Salvador, las pandillas “La Mara Salvatrucha (MS-13)” y su rival “El barrio 18”, utilizan los dígitos para marcar sus territorios, haciendo que equipos de primera y de segunda división los quitaran por precaución. Esa vez no pudo ser el 13, ni el 18 camuflado. El loco optó por el número –el que debería ser el adecuado para él- 22. En el Bangú de Brasil, le sumó un 1 al 13. Se formó el 113. Exactamente, en 2017, el club brasilero cumplía esa cantidad de años y el Loco le hizo el honor a su nuevo equipo y se clavó ese número en la espalda. Una rareza para muchos, algo común para Sebastián. “¿Usas el 13 para otras cosas de tu vida? 'Para todo. Cuando estoy por comprar un auto, hablo con el de las patentes, y espero que llegue al 13. Mi patente actual no sólo termina en 13, sino que la suma total da 13. Me pasé un poco, ¿no? Ya entré en terreno de obsesiones. Mis números de teléfono tienen el 13’”. Pregunta 35 del 100x100 del periodista, Diego Borinsky, en la revista El Gráfico en el año 2013.
Hay un bonus track en la selección. Siempre usó la 13 en la celeste, pero el día que se retiró, el que heredó la casaca sagrada fue Luis Suárez. “Cuando dejó la selección, tuve la ocasión de lucir el dorsal número 13 en su honor. No obstante, después de seis meses luciendo ese dorsal, decidí cambiar de número ya que no marcaba ni un gol. Me puse el dorsal número 9 y a partir de ahí empecé a marcar. Era una camiseta maldita”, comentó el pistolero en una entrevista. El 13, solo de Abreu.
EL BASQUET Y EL PERIODISMO
De pibe, cuando el cuerpo se lo permitía, jugaba al fútbol, al básquet y trabajaba como redactor en el diario “El Serrano”.
Con su altura andaba bien en el deporte de Michael Jordan. A la edad de Sub-16, se fue de la concentración de la selección uruguaya juvenil a un bar con un compañero. Llegaron tarde y el castigo fue el recorte a ser seleccionado. Una curiosidad es que solamente recortaron a uno y lo más gracioso es que Abreu, al momento de la decisión del entrenador, pensó en su cabeza: “Pobre pibe, la próxima será”. Segundos después, el entrenador dijo: “Sebastián Abreu, afuera”, el bar y el recorte que lo llevaron definitivamente al fútbol. Pero antes de este suceso, existió una locura de las suyas. En el diario donde él trabajaba, un encargo fue cubrir el partido en el cual participaba. Tenía que entrevistar a la figura de la cancha. “Yo había sido la figura, metí como 50 puntos”, dijo en una entrevista en El Gráfico. Sí, como se imagina. Terminó el partido, se autoproclamó la figura de la cancha y en la vuelta a su casa se entrevistó a él mismo. “¿Qué te dijo tu jefe cuando presentaste una nota a Abreu firmada por Abreu? ‘Nada, porque la entregué a las 2 de la mañana y fue derecho a la imprenta. El partido terminó a las 11 de la noche, fui a mi casa, me fui haciendo las preguntas en el viaje, lo pasé en limpio en la vieja máquina de escribir, y a la imprenta. Al otro día me llamó el director’. “Nota a Sebastián Abreu firmada por Sebastián Abreu no va, la próxima vez pídale a un compañero que le haga la nota o no firme, para que quede creíble”. Pregunta 25 del 100x100 de Diego Borinsky en la revista El Gráfico.
Genera alegría y contagia humildad. Es amigo de Guardiola y del mundo. Enemigo de nadie. Mate, fútbol y candombe: uruguayo autentico. Él es Sebastián Washington Abreu, el trotamundos.

El 17 de octubre de 1976 llegó al mundo desde Minas, Uruguay, Sebastián Washington Abreu. Debutó en 1994 y, a partir de allí, empezó una carrera de locos. Pasó por 27 equipos diferentes en 11 países (superó a los 25 clubes en los que pasó el exarquero alemán, Lutz Pfannenstiel). Dos mundiales con su selección (Corea-Japón 2002 y Sudáfrica 2010). Se dio el lujo de pisar una cancha en cinco de los continentes y anotó más de 400 goles. Tres historias del loco que trotó, trota y ¿seguirá trotando? por el mundo.

Los penales, Panenka y Ghana

Eurocopa 1976. Checoslovaquia y Alemania Federal llegaron a la final que terminó empatada en dos goles para cada uno y fueron a penales. El encargado del último tiro era Antonín Panenka. Agarró la pelota, tomó carrera, miró que el arquero, Sepp Maier, se jugó para su palo izquierdo, y con la punta de su pie acarició la parte inferior de la pelota para marcar un gol de vaselina. Para hacer el gol a lo Panenka. Sudáfrica 2010, 34 años después. Ghana y Uruguay se enfrentaron por los cuartos de final de la primera Copa del Mundo disputada en África. Todo el continente africano haciendo fuerzas para que Uruguay no ganara. Partido empatado en uno. Penales. Misma historia que en 1976, pero esta vez es Sebastián Abreu quien pidió ser el del penal definitorio. Agarró la pelota, tomó carrera y cuando vio que el arquero ghanés, Richard Kingson, se jugó hacía un palo, el loco la empaló y le dio la clasificación a las semifinales a tres millones de uruguayos que estaban a sus pies. Pero no hay loco que no tenga su curiosidad. Un día antes de la eliminatoria, el Maestro Oscar Tabárez les hizo hacer una tanda de penales a sus jugadores. Tres cada uno. Abreu erró los tres –dos por arriba del travesaño y uno picándola- en ese entrenamiento. Hecho que sorprendió a sus compañeros, tanto es así que Sebastián Eguren, le dijo: “Papote, vamo' arriba que capaz mañana te necesitamos, ¡eh!” y el loco, ni lerdo ni perezoso, le contestó: “Mañana definimos en el quinto penal, pateo yo con el sello de la casa. Estate tranquilo”. ¿No hay loco que no tenga suerte? Y la parte más divertida de esta historia se dio apenas minutos antes de ese penal definitivo. Costumbre futbolera en la tanda de penales: ir todos a la mitad de la cancha a abrazarse y esperar que el compañero meta el gol y que el arquero ataje. En ese lapso, Abreu le insistía al compañero que tenía al lado, Jorge Fucile: “Fuchi, ¿se está jugando antes el arquero, no?” y el central respondió: “Sí, Loco”. Buscando un aliado para poder llevar a cabo su idea, Abreu insistió dos veces más: “Fuchi, ¿el arquero se está jugando antes, no?”, pregunta que llevó a Fucile a contestarle por última vez: “Sí, Loco. Picala y no rompas más los huevos.

El número 13

No tengo cábalas, tengo tradiciones. Está mi santuario, que es la camiseta que llevo abajo, para que me acompañen mis seres queridos. Después, voy en contra de cierta lógica: uso la 13 que nadie quiere, entro al campo con el pie izquierdo en vez del derecho”. En clubes o en la selección, para él, el número 13 no es de mala suerte como le parece a la gente común. Para él, el 13 es su número. El gusto por este “controvertido” viene por Fabián O’Neill, uno de sus grandes ídolos de su Nacional querido. Pero tuvo excepciones en algunos de sus tantos clubes en los que no lo pudo usar. Cuando debutó a los 18 años en el Defensor Sporting uruguayo, en la espalda de podría estar cualquier número, ya que por reglamentación los titulares debían tener del 1 al 11 y los suplentes del 12 al 18. En España, el número 13 lo utiliza obligatoriamente el arquero. En su paso por la Real Sociedad, el Loco ya estaba acostumbrado a que ese número esté en su espalda. Ya era una obsesión. Por lo que derivó a que el utilero del club, Michelo, le dijera: “Chaval, tengo la solución, vas a jugar con la 18, pero como el 8 son dos tres, le meto una línea blanca fina en el medio y nadie se dará cuenta. Para el de afuera eres el 18, para nosotros, el 13”. Y así fue, rayita al medio y las 13 camuflada para Abreu. En el Santa Tecla del fútbol de El Salvador, las pandillas “La Mara Salvatrucha (MS-13)” y su rival “El barrio 18”, utilizan los dígitos para marcar sus territorios, haciendo que equipos de primera y de segunda división los quitaran por precaución. Esa vez no pudo ser el 13, ni el 18 camuflado. El loco optó por el número –el que debería ser el adecuado para él- 22. En el Bangú de Brasil, le sumó un 1 al 13. Se formó el 113. Exactamente, en 2017, el club brasilero cumplía esa cantidad de años y el Loco le hizo el honor a su nuevo equipo y se clavó ese número en la espalda. Una rareza para muchos, algo común para Sebastián. “¿Usas el 13 para otras cosas de tu vida? 'Para todo. Cuando estoy por comprar un auto, hablo con el de las patentes, y espero que llegue al 13. Mi patente actual no sólo termina en 13, sino que la suma total da 13. Me pasé un poco, ¿no? Ya entré en terreno de obsesiones. Mis números de teléfono tienen el 13’”. Pregunta 35 del 100x100 del periodista, Diego Borinsky, en la revista El Gráfico en el año 2013.Hay un bonus track en la selección. Siempre usó la 13 en la celeste, pero el día que se retiró, el que heredó la casaca sagrada fue Luis Suárez. “Cuando dejó la selección, tuve la ocasión de lucir el dorsal número 13 en su honor. No obstante, después de seis meses luciendo ese dorsal, decidí cambiar de número ya que no marcaba ni un gol. Me puse el dorsal número 9 y a partir de ahí empecé a marcar. Era una camiseta maldita”, comentó el pistolero en una entrevista. El 13, solo de Abreu.

El básquet y el periodismo

De pibe, cuando el cuerpo se lo permitía, jugaba al fútbol, al básquet y trabajaba como redactor en el diario “El Serrano”.Con su altura andaba bien en el deporte de Michael Jordan. A la edad de Sub-16, se fue de la concentración de la selección uruguaya juvenil a un bar con un compañero. Llegaron tarde y el castigo fue el recorte a ser seleccionado. Una curiosidad es que solamente recortaron a uno y lo más gracioso es que Abreu, al momento de la decisión del entrenador, pensó en su cabeza: “Pobre pibe, la próxima será”. Segundos después, el entrenador dijo: “Sebastián Abreu, afuera”, el bar y el recorte que lo llevaron definitivamente al fútbol. Pero antes de este suceso, existió una locura de las suyas. En el diario donde él trabajaba, un encargo fue cubrir el partido en el cual participaba. Tenía que entrevistar a la figura de la cancha. “Yo había sido la figura, metí como 50 puntos”, dijo en una entrevista en El Gráfico. Sí, como se imagina. Terminó el partido, se autoproclamó la figura de la cancha y en la vuelta a su casa se entrevistó a él mismo. “¿Qué te dijo tu jefe cuando presentaste una nota a Abreu firmada por Abreu? ‘Nada, porque la entregué a las 2 de la mañana y fue derecho a la imprenta. El partido terminó a las 11 de la noche, fui a mi casa, me fui haciendo las preguntas en el viaje, lo pasé en limpio en la vieja máquina de escribir, y a la imprenta. Al otro día me llamó el director’. “Nota a Sebastián Abreu firmada por Sebastián Abreu no va, la próxima vez pídale a un compañero que le haga la nota o no firme, para que quede creíble”. Pregunta 25 del 100x100 de Diego Borinsky en la revista El Gráfico.

Genera alegría y contagia humildad. Es amigo de Guardiola y del mundo. Enemigo de nadie. Mate, fútbol y candombe: uruguayo autentico. Él es Sebastián Washington Abreu, el trotamundos.

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