Croacia se enfrentará en Semifinales ante los creadores del fútbol. Así como hay padres, también hay madres de uno de los deportes más populares del mundo. Nettie Honeyball fue la capitana de las pioneras que iniciaron el movimiento futbolista femenino en Inglaterra.

British Ladies FC, no apto para hombres

Iván Lorenz (@Ivanlorenz_ )

28 DE MARZO DE 2018

Los jugadores que rompen con el esquema suelen sorprender. Provocan lo inesperado. Podrían clasificarse bajo el título de innovadores porque causan respuestas inéditas del rival que, por la falta de previsión ante el acontecimiento, reacciona anómalamente. Son los atrevidos, se animan a generar un cambio. A esa especie perteneció la británica Mary Hutson, mejor conocida bajo el seudónimo Nettie Honeyball.
El Siglo XIX cerraba sus puertas. Una época donde la mujer no era protagonista. Más bien, personaje secundario dependiente del hombre. Meras progenitoras. Cosas, la palabra correcta. El género femenino era cosificado. La posesión de útero las convertía en objeto. Una sociedad patriarcal donde también debían luchar contra mujeres que no creían estar en condiciones inferiores y aceptaban el rol social que les había tocado.
¿Qué se podía esperar entonces de la participación de mujeres en el fútbol? Únicamente por lazos matrimoniales. Encuentros esporádicos entre casadas. Casadas contra solteras. Solteras contra casadas. Hay aún más. Año 1894. Profesionales de la medicina pidieron que ni las mujeres, ni las niñas practicasen el balompié. Ese mismo año, Honeyball publicó un anuncio en el medio británico ilustrado llamado Daily Graphic, en el que invitaba a mujeres jóvenes a formar parte del British Ladies Football Club.
La creación del club tuvo como principal objetivo mostrar que las mujeres no eran meramente ornamentación, ni seres inútiles. Ellas también podían jugar al fútbol, ese deporte creado por los ingleses que parecía ser únicamente para hombres. Era un juego brusco y de ninguna manera una dama podía tener fortaleza física. Era un juego mental y una mujer no podía darse el lujo de pensar. Una mujer, no podía ensuciar sus prendas en un juego. Nettie soñaba en aquel entonces con ver a mujeres sentadas en las mesas de debates, ocupando cargos políticos en el Parlamento. Buscó en el fútbol una forma de romper con las desigualdades.
Cerca del aquel entonces hipódromo Alexandra Park -cerrado en 1970- comenzaron a entrenar las 30 mujeres que acudieron al llamado. Eran citadas dos veces por semana para practicar fútbol. Nettie convenció al futbolista John William Julian para que acudiese al distrito de Hornsey a dirigir técnicamente a las muchachas. El jugador militaba en el Tottenham Hotspur, actual equipo del capitán inglés, Harry Kane.
El club necesitaba un presidente y sponsors. Nettie encontró en Lady Florence Dixie la respuesta a las carencias del British Ladies Football Club. Dixie era la hija de Archibald William Douglas, el séptimo marqués de Queensbury. La aristócrata, viajera, periodista, corresponsal de guerra y escritora accedió a presidir el club con la condición de que las mujeres se entregasen al fútbol con su alma y espíritu.
Para 1895 las condiciones estructurales -no así las sociales- estaban dadas para organizar un encuentro femenino. El 23 de Marzo de ese entonces, a las 4.30 de la tarde, hora de Londres, en el campo del Crouch End Athletic, se jugó el primer partido de fútbol femenino de la historia reconocido oficialmente por la FIFA. Otra fecha se adjudica el título: 1892 en Glasgow. Sin embargo, no es aceptada por el ente rector del fútbol internacional.
Las mujeres representaron al Norte y el Sur de Londres. Rojas y azules respectivamente, mostraron lo que el femenino tenía para dar ante una audiencia de 10 mil personas aproximadamente. La capitana de las norteñas era Honeyball, la cual se sospecha que tenía un ojo de vidrio. Tan mal no veía al parecer. Su equipo derrotó 7-1 a las muchachas del sur. Fue reconocida la actuación de la arquera de las coloradas, miss Graham, que al parecer tuvo apariciones brillantes e influyó en el resultado final.
Tenían botas en vez de botines. Faldas, polleras y pantalones largos holgados en lugar de shorts. Una especie de blusa de manga larga holgada y arremangada utilizaron para cubrir sus troncos ya que no existía el Dri-Fit y era impensado que usasen las pilchas de los hombres. Jugaron también con sombreros que, en caso de caerse, provocaban un parate en el juego, que no se reanudaba hasta que la mujer tuviese bien colocado nuevamente, el ornamento en su cabeza.
La novedad. Medios como The Sketch o Jarrow Express lo calificaron así. Una novedad que no llegaría a más, se quedaría encerrada en esa terminología y, al igual que una moda, acabaría muriendo. No sólo eso, sino también, dijeron que las mujeres realizaron actividades impropias de su sexo, dando un espectáculo decadente.
El British Ladies Football Club no prestó atención a las críticas de la prensa. Lady Dixie decidió continuar como presidenta y patrocinadora luego del partido. Financió una gira del club por el Reino Unido. Gambetearon por ciudades como Newcastle, Jesmond, South Shelds, Walsall, Brighton, Bristol. Sin embargo, en 1896 apareció un jugador que decidió ir al tobillo de las jugadoras para cortar su avance: la ciudad de Exeter. Las lluvias les impidieron jugar, así como la falta de dinero para pagar el alquiler del hotel donde paraban. Cayó el club y conocidos de las muchachas debieron ir a rescatarlas de su compromiso económico.
Victoria de la historia patriarcal de entonces sobre las mujeres. Sin embargo, como suele decirse, el fútbol siempre da revancha. En Mayo de 1903 las mujeres del British Ladies Football Club volverían a ponerse las botas para dar una última función. Fue en Biggleswade. Los rivales no eran mujeres, eran los jugadores del Biggleswade Wesleys. Se intentó evitar la realización del partido, quizás porque sabían que no iba a terminar bien para ellos. 3-1 ganó el equipo de la pionera inglesa Nettie Honeyball. La última función de las féminas británicas, las muchachas de Lady Dixie. Las valientes jugadoras que jugaron con el mundo en contra, pero con la convicción de generar un cambio.

Los jugadores que rompen con el esquema suelen sorprender. Provocan lo inesperado. Podrían clasificarse bajo el título de innovadores porque causan respuestas inéditas del rival que, por la falta de previsión ante el acontecimiento, reacciona anómalamente. Son los atrevidos, se animan a generar un cambio. A esa especie perteneció la británica Mary Hutson, mejor conocida bajo el seudónimo Nettie Honeyball.

El Siglo XIX cerraba sus puertas. Una época donde la mujer no era protagonista. Más bien, personaje secundario dependiente del hombre. Meras progenitoras. Cosas, la palabra correcta. El género femenino era cosificado. La posesión de útero las convertía en objeto. Una sociedad patriarcal donde también debían luchar contra mujeres que no creían estar en condiciones inferiores y aceptaban el rol social que les había tocado.

¿Qué se podía esperar entonces de la participación de mujeres en el fútbol? Únicamente por lazos matrimoniales. Encuentros esporádicos entre casadas. Casadas contra solteras. Solteras contra casadas. Hay aún más. Año 1894. Profesionales de la medicina pidieron que ni las mujeres, ni las niñas practicasen el balompié. Ese mismo año, Honeyball publicó un anuncio en el medio británico ilustrado llamado Daily Graphic, en el que invitaba a mujeres jóvenes a formar parte del British Ladies Football Club.

La creación del club tuvo como principal objetivo mostrar que las mujeres no eran meramente ornamentación, ni seres inútiles. Ellas también podían jugar al fútbol, ese deporte creado por los ingleses que parecía ser únicamente para hombres. Era un juego brusco y de ninguna manera una dama podía tener fortaleza física. Era un juego mental y una mujer no podía darse el lujo de pensar. Una mujer, no podía ensuciar sus prendas en un juego. Nettie soñaba en aquel entonces con ver a mujeres sentadas en las mesas de debates, ocupando cargos políticos en el Parlamento. Buscó en el fútbol una forma de romper con las desigualdades.

Cerca del aquel entonces hipódromo Alexandra Park -cerrado en 1970- comenzaron a entrenar las 30 mujeres que acudieron al llamado. Eran citadas dos veces por semana para practicar fútbol. Nettie convenció al futbolista John William Julian para que acudiese al distrito de Hornsey a dirigir técnicamente a las muchachas. El jugador militaba en el Tottenham Hotspur, actual equipo del capitán inglés, Harry Kane.

El club necesitaba un presidente y sponsors. Nettie encontró en Lady Florence Dixie la respuesta a las carencias del British Ladies Football Club. Dixie era la hija de Archibald William Douglas, el séptimo marqués de Queensbury. La aristócrata, viajera, periodista, corresponsal de guerra y escritora accedió a presidir el club con la condición de que las mujeres se entregasen al fútbol con su alma y espíritu.

Para 1895 las condiciones estructurales -no así las sociales- estaban dadas para organizar un encuentro femenino. El 23 de Marzo de ese entonces, a las 4.30 de la tarde, hora de Londres, en el campo del Crouch End Athletic, se jugó el primer partido de fútbol femenino de la historia reconocido oficialmente por la FIFA. Otra fecha se adjudica el título: 1892 en Glasgow. Sin embargo, no es aceptada por el ente rector del fútbol internacional.

Las mujeres representaron al Norte y el Sur de Londres. Rojas y azules respectivamente, mostraron lo que el femenino tenía para dar ante una audiencia de 10 mil personas aproximadamente. La capitana de las norteñas era Honeyball, la cual se sospecha que tenía un ojo de vidrio. Tan mal no veía al parecer. Su equipo derrotó 7-1 a las muchachas del sur. Fue reconocida la actuación de la arquera de las coloradas, miss Graham, que al parecer tuvo apariciones brillantes e influyó en el resultado final.

Tenían botas en vez de botines. Faldas, polleras y pantalones largos holgados en lugar de shorts. Una especie de blusa de manga larga holgada y arremangada utilizaron para cubrir sus troncos ya que no existía el Dri-Fit y era impensado que usasen las pilchas de los hombres. Jugaron también con sombreros que, en caso de caerse, provocaban un parate en el juego, que no se reanudaba hasta que la mujer tuviese bien colocado nuevamente, el ornamento en su cabeza.

La novedad. Medios como The Sketch o Jarrow Express lo calificaron así. Una novedad que no llegaría a más, se quedaría encerrada en esa terminología y, al igual que una moda, acabaría muriendo. No sólo eso, sino también, dijeron que las mujeres realizaron actividades impropias de su sexo, dando un espectáculo decadente.

El British Ladies Football Club no prestó atención a las críticas de la prensa. Lady Dixie decidió continuar como presidenta y patrocinadora luego del partido. Financió una gira del club por el Reino Unido. Gambetearon por ciudades como Newcastle, Jesmond, South Shelds, Walsall, Brighton, Bristol. Sin embargo, en 1896 apareció un jugador que decidió ir al tobillo de las jugadoras para cortar su avance: la ciudad de Exeter. Las lluvias les impidieron jugar, así como la falta de dinero para pagar el alquiler del hotel donde paraban. Cayó el club y conocidos de las muchachas debieron ir a rescatarlas de su compromiso económico.

Victoria de la historia patriarcal de entonces sobre las mujeres. Sin embargo, como suele decirse, el fútbol siempre da revancha. En mayo de 1903 las mujeres del British Ladies Football Club volverían a ponerse las botas para dar una última función. Fue en Biggleswade. Los rivales no eran mujeres, eran los jugadores del Biggleswade Wesleys. Se intentó evitar la realización del partido, quizás porque sabían que no iba a terminar bien para ellos. 3-1 ganó el equipo de la pionera inglesa Nettie Honeyball. La última función de las féminas británicas, las muchachas de Lady Dixie. Las valientes jugadoras que jugaron con el mundo en contra, pero con la convicción de generar un cambio.

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